domingo, 12 julio 2026

Operativo Gallo: cómo la AFA se quedó con la medalla

Tras romper con el oficialismo, Marcela Pagano articuló una negociación silenciosa que permitió la restitución del gendarme Nahuel Gallo y terminó beneficiando a la AFA, que pudo colgarse la medalla política en plena tormenta institucional.

El regreso del gendarme Nahuel Gallo no fue sólo un episodio diplomático. Fue una jugada política de alta precisión ejecutada fuera del radar del Gobierno y con un resultado inesperado: la AFA terminó capitalizando el gesto en el peor momento de su crisis pública.

La protagonista central fue Marcela Pagano, ya distanciada del oficialismo libertario. Lejos de replegarse tras la ruptura, la diputada decidió jugar una carta propia. Y eligió hacerlo en un terreno donde el Gobierno venía acumulando ruido político: la relación con el fútbol.

En medio del llamado AFA Gate, con la conducción del fútbol argentino bajo presión mediática y política, apareció una oportunidad. Resolver el caso Gallo podía transformarse en algo más que una gestión humanitaria.

Pagano entendió primero lo que después leerían todos. Si la restitución del gendarme se presentaba como un logro del ecosistema del fútbol, el Gobierno sufriría un fuerte daño reputacional.

Ahí entró en juego Natasha Nieb, periodista de Clarin con vínculos directos con la familia del gendarme. Su tarea fue construir confianza donde predominaba la desconfianza cruzada.

El movimiento fue quirúrgico. No hubo protagonismo oficial ni voceros estatales. El resultado permitió que la AFA quedara asociada públicamente al desenlace positivo, colgándose la medalla de la restitución justo cuando la institución necesitaba mostrar capacidad de gestión y responsabilidad institucional.

Para la conducción del fútbol argentino, el gesto funcionó como un alivio político. En plena tormenta por el escándalo, la narrativa pasó de la defensiva a la iniciativa: de responder acusaciones a aparecer como parte de una solución.

La creatividad del operativo residió precisamente ahí. No buscó protagonismo estatal ni confrontación pública. Buscó redistribuir el capital político del resultado.

Para Pagano, la jugada tuvo doble impacto. Le permitió mostrar autonomía tras su ruptura con el oficialismo y, al mismo tiempo, posicionarse como una dirigente capaz de abrir canales donde el Gobierno no llegaba.

En términos políticos, el episodio dejó una señal incómoda para la Casa Rosada: una diputada ya fuera del esquema libertario consiguió resolver un conflicto sensible mientras el oficialismo seguía atrapado en la lógica de la confrontación permanente.

El operativo Gallo terminó así convirtiéndose en algo más grande que el propio caso. Fue una demostración de que, incluso en la era libertaria, la política argentina sigue funcionando con códigos clásicos: negociación informal, intermediarios invisibles y gestos simbólicos capaces de modificar el clima de poder.

Y en medio del AFA Gate, la foto final no la tuvo el Gobierno. La tuvo el fútbol.

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