sábado, 14 febrero 2026

A Francos se le complicaron las respuestas

El jefe de gabinete hizo agua durante una entrevista en TN. “Para el olvido” reconocieron a Mosca desde su entorno.

El jefe de Gabinete, Guillermo Francos, fue entrevistado este jueves en un canal de televisión donde le consultaron acerca de lo graves números que se conocieron durante la jornada por el índice de pobreza en la Argentina. En ese marco, el funcionario nacional se escudó en la responsabilidad de gobiernos anteriores y dio respuestas inconsistentes. 

“En el año 70, o sea hace 54 años, la pobreza en la Argentina era del 5%. Algo se ha hecho mal durante este tiempo. No se puede medir el primer semestre de gobierno con estos números de pobreza, porque se produce por el populismo económico de la argentina durante muchos años. No es gratuito tener una inflación permanente generada por subsidios del Estado, por emisión monetaria sin ningún sustento. Los índices de inflación en este tiempo tiene su consecuencia”, dijo en TN.

“Es importante plantearnos hacia dónde vamos. En diciembre la inflación fue del 25% y la última del 4%. Esperemos que este mes sea del 3% Seguramente, cuando veamos el segundo semestre, la pobreza va a ser sensiblemente menor. Hay varias formas de bajar la pobreza. Una de ellas es bajando la inflación, generar inversiones y más empleo”, explicó.

En ese sentido, se escudó: “El Estado ha dado respuestas a través de beneficios sociales. El Presidente dijo en diciembre que iba a ser duro, porque había que poner las cuentas en orden”.

“La situación es grave, pero ¿por qué no hablamos de lo que pasó antes? Todo es consecuencia de. Que no nos verseen más. He escuchado comentarios de aquellos que han sido responsables de la generación de esta pobreza de argentina. No es resultado de este Gobierno”, agregó. 

“Tenemos que explicar con claridad es por qué se produjo esto. Por qué no crecieron los trabajos formales, por qué no hay confianza en la Argentina, por qué solamente creció el empleo público y los subsidios en las tarifas públicas. Tenemos que tratar una economía en serio”, dijo.

Y añadió: “Nosotros sabemos cómo bajar la pobreza, pero seriamente. La pobreza no se soluciona dando subsidios, se hace generando riqueza, inversión, trabajo. Eso lleva tiempo. Estamos convencidos de que lo vamos a lograr”.

Compartir

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Te puede interesar
TAMBIÉN

El servicio de limpieza de Salto Grande y la trama que conecta a Reidel, el PRO y una empresa que se repite

La misma estructura empresaria señalada en la polémica por contrataciones en Nucleoeléctrica aparece como proveedora en la represa binacional. Detrás del servicio de limpieza, una red de sociedades, vínculos políticos y contratos que vuelven a cruzar energía, negocios y poder

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa política del gobierno

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa chica que cuidó la reforma laboral En la política argentina siempre hay un personaje que no sale en las fotos pero aparece en todas las decisiones. En el Gobierno de Javier Milei, ese lugar lo ocupa Ignacio Devitt. Secretario de Asuntos Estratégicos, nombre técnico para una función política muy concreta: ordenar, monitorear y asegurarse de que las cosas sucedan sin ruido. Mientras otros discutían en público, él contaba votos en privado. Devitt es, probablemente, el menos conocido de la mesa política que siguió de cerca la aprobación de la reforma laboral. Una mesa heterogénea, donde conviven estilos y roles muy distintos. Karina Milei como vértice del poder real, obsesiva del control político. Manuel Adorni como vocero y escudo mediático. Martín y “Lule” Menem como operadores parlamentarios con oficio heredado. Y, detrás de todos ellos, Devitt, el funcionario que aparece cuando hay que cerrar. En un gobierno donde la visibilidad suele ser sinónimo de influencia, Devitt construyó exactamente lo contrario. Su capital político es la discreción. No polemiza, no filtra, no declara. En la Casa Rosada lo describen como un organizador. Alguien que traduce decisiones políticas en secuencias operativas. Quién llama a quién. Cuándo se negocia. Cuándo se espera. Y, sobre todo, cuándo no hablar. La reforma laboral fue su primera gran prueba. No por el contenido del proyecto, sino por la ingeniería política necesaria para que avanzara en un Congreso fragmentado y con aliados inestables. Mientras Adorni explicaba el rumbo en conferencias y los Menem tejían acuerdos legislativos, Devitt seguía el minuto a minuto del tablero. Su tarea era evitar sorpresas. En un oficialismo con pocos votos propios, eso equivale a evitar accidentes. En ese esquema, el secretario de Asuntos Estratégicos cumple un rol que en otros gobiernos ocupaban jefes de Gabinete o ministros políticos. Pero con una diferencia: sin estructura propia ni exposición pública. Su poder no surge del cargo sino de la confianza directa del círculo más cerrado del Gobierno, especialmente de Karina Milei, que privilegia perfiles ejecutivos antes que figuras con vuelo propio. El resultado es un funcionario difícil de encasillar. No viene del armado territorial ni del mundo mediático. Tampoco del sindicalismo o la rosca clásica. Su perfil encaja mejor en la lógica empresarial que Milei intenta trasladar al Estado: menos discurso, más ejecución. En la práctica, alguien que verifica que las órdenes se cumplan. En los pasillos del Congreso lo describen con una mezcla de curiosidad y alivio. Curiosidad porque pocos lo conocen realmente. Alivio porque, a diferencia de otros interlocutores del oficialismo, no suele sobreactuar posiciones ideológicas. Escucha, toma nota y vuelve con respuestas. En tiempos de política performática, ese estilo casi administrativo resulta exótico. La paradoja es que cuanto menos aparece, más crece su influencia. La aprobación de la reforma laboral consolidó una mesa política donde cada uno cumple un rol preciso: Karina decide, Adorni comunica, los Menem negocian y Devitt ordena. Un reparto de funciones que explica, en parte, cómo un gobierno sin mayoría propia logró avanzar con una de sus reformas más sensibles. En la Casa Rosada lo resumen con una frase simple: cuando el tema es delicado, aparece Devitt. Y cuando aparece Devitt, es porque alguien ya hizo las cuentas.

Radicales en modo doble discurso: rechazo mediático, voto afirmativo en el recinto

El bloque radical había marcado diferencias con la eliminación del régimen vinculado al estatuto del periodista, pero en el recinto acompañó el proyecto. El giro dejó expuesta la tensión entre el discurso público y la estrategia parlamentaria.