sábado, 14 febrero 2026

Los radicales se dieron vuelta y la oposición no consiguió voltear el DNU de la Side

Los libertarios aplazaron el debate del DNU al menos dos semanas más. El kirchnerismo buscará su rechazo en el recinto

El Gobierno logró evitar un dictamen de rechazo al decreto 656/24, que aumenta en $100 mil millones los gastos reservados de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE). En la Comisión Bicameral de Trámite Legislativo, los libertarios lograron el apoyo del radicalismo.

El bloque de diputados de la UCR se mostró nuevamente fragmentado. Una semana atrás habían emitido un documento con duras críticas a ese incremento presupuestario. En el escrito, se habían mostrado preocupados por el carácter reservado de esos fondos.

Sin embargo, esta vez en la Comisión Bicameral de Trámite Legislativo, sus dos representantes, Francisco Monto y Víctor Zimmerman, se alinearon con el oficialismo para postergar su tratamiento, por lo que se empezaría a discutir recién a fines de agosto.

A diferencia de Martín Lousteau, una de las voces más críticas del partido hacia el gobierno, Zimmerman se ubica del lado “dialoguista” por lealtad a su gobernador, el chaqueño Leandro Zdero, a quien le urge fondos nacionales. Mientras que Monti, de Catamarca, a pesar de haber cuestionado el decreto del Ejecutivo, decidió bajarle el tono a la discusión por sugerencia de Rodrigo De Loredo, quien conduce el bloque.

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El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa chica que cuidó la reforma laboral En la política argentina siempre hay un personaje que no sale en las fotos pero aparece en todas las decisiones. En el Gobierno de Javier Milei, ese lugar lo ocupa Ignacio Devitt. Secretario de Asuntos Estratégicos, nombre técnico para una función política muy concreta: ordenar, monitorear y asegurarse de que las cosas sucedan sin ruido. Mientras otros discutían en público, él contaba votos en privado. Devitt es, probablemente, el menos conocido de la mesa política que siguió de cerca la aprobación de la reforma laboral. Una mesa heterogénea, donde conviven estilos y roles muy distintos. Karina Milei como vértice del poder real, obsesiva del control político. Manuel Adorni como vocero y escudo mediático. Martín y “Lule” Menem como operadores parlamentarios con oficio heredado. Y, detrás de todos ellos, Devitt, el funcionario que aparece cuando hay que cerrar. En un gobierno donde la visibilidad suele ser sinónimo de influencia, Devitt construyó exactamente lo contrario. Su capital político es la discreción. No polemiza, no filtra, no declara. En la Casa Rosada lo describen como un organizador. Alguien que traduce decisiones políticas en secuencias operativas. Quién llama a quién. Cuándo se negocia. Cuándo se espera. Y, sobre todo, cuándo no hablar. La reforma laboral fue su primera gran prueba. No por el contenido del proyecto, sino por la ingeniería política necesaria para que avanzara en un Congreso fragmentado y con aliados inestables. Mientras Adorni explicaba el rumbo en conferencias y los Menem tejían acuerdos legislativos, Devitt seguía el minuto a minuto del tablero. Su tarea era evitar sorpresas. En un oficialismo con pocos votos propios, eso equivale a evitar accidentes. En ese esquema, el secretario de Asuntos Estratégicos cumple un rol que en otros gobiernos ocupaban jefes de Gabinete o ministros políticos. Pero con una diferencia: sin estructura propia ni exposición pública. Su poder no surge del cargo sino de la confianza directa del círculo más cerrado del Gobierno, especialmente de Karina Milei, que privilegia perfiles ejecutivos antes que figuras con vuelo propio. El resultado es un funcionario difícil de encasillar. No viene del armado territorial ni del mundo mediático. Tampoco del sindicalismo o la rosca clásica. Su perfil encaja mejor en la lógica empresarial que Milei intenta trasladar al Estado: menos discurso, más ejecución. En la práctica, alguien que verifica que las órdenes se cumplan. En los pasillos del Congreso lo describen con una mezcla de curiosidad y alivio. Curiosidad porque pocos lo conocen realmente. Alivio porque, a diferencia de otros interlocutores del oficialismo, no suele sobreactuar posiciones ideológicas. Escucha, toma nota y vuelve con respuestas. En tiempos de política performática, ese estilo casi administrativo resulta exótico. La paradoja es que cuanto menos aparece, más crece su influencia. La aprobación de la reforma laboral consolidó una mesa política donde cada uno cumple un rol preciso: Karina decide, Adorni comunica, los Menem negocian y Devitt ordena. Un reparto de funciones que explica, en parte, cómo un gobierno sin mayoría propia logró avanzar con una de sus reformas más sensibles. En la Casa Rosada lo resumen con una frase simple: cuando el tema es delicado, aparece Devitt. Y cuando aparece Devitt, es porque alguien ya hizo las cuentas.

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