El escándalo de los créditos hipotecarios generó movidas internas, vínculos cruzados y pases de factura.
En el Banco de la Nación Argentina no hay calma. Puertas adentro se juega una partida más áspera trás el escándalo por los créditos hipotecarios entregados a funcionarios públicos.
En ese tablero, un nombre empieza a sonar con insistencia: Claudio Scarso. Auditor de carrera, con pasado en la banca privada, hoy se entusiasma con algo más ambicioso: quedarse con la Gerencia General.
Scarso no es un outsider. Hizo toda su carrera en el Banco Galicia, donde se formó en el mundo de la auditoría. Su llegada al Nación no fue casual. Según reconstruyen fuentes del sector, aterrizó con respaldo político, apalancado en su vínculo con el síndico del banco, Marcelo Bastante, un actor con peso propio en el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Ciudad de Buenos Aires.
El dato no es menor. Bastante no solo pisa fuerte en el Consejo. También tiene influencia en el entramado interno del banco. Y ahí es donde Scarso encontró un punto de apoyo para crecer. “A río revuelto, ganancia de pescadores”, sintetiza un funcionario que sigue de cerca la interna.
En ese recorrido, aparece otro nombre clave: Juan Horacio Sarquis. Viejo conocido de Scarso, con quien mantiene una relación cercana. Sarquis, además, conserva llegada al ministro de Economía, Luis Caputo. Un puente que, en este contexto, vale más que cualquier currículum.
Scarso empezó a moverse. Y lo hizo con impacto. Fuentes del banco lo señalan como un actor decisivo en la salida de dos piezas sensibles: los subgerentes generales de sistemas, Javier Zamparolo y Javier Santolia. Una señal clara de que su influencia no es decorativa.
En lo técnico, se apoya en la contadora Silvia Dandrea, con vínculos políticos propios. Su cercanía con el senador Luis Juez suma otro canal de poder. Córdoba, en este esquema, aparece como una usina de relaciones que exceden lo financiero.
Pero el corazón de la disputa está en otro lado. Según fuentes internas, Scarso podría quedar en posición de manejar contratos sensibles: compliance y prevención de lavado de dinero. Áreas donde orbitan firmas privadas con intereses concretos. En el banco hablan, en voz baja, de proveedores “amigos”.
La tensión escala cuando aparece el nombre de Gaston Alvarez, actual gerente general. “Hace rato que lo viene operando”, deslizan desde el tercer piso de la casa matriz. Mencionan episodios puntuales: desde problemas en acreditaciones de cuentas sueldo a fines de 2025 hasta la polémica por las llamadas “hipotecas VIP”.
El diagnóstico interno es más crudo. “Se corta solo, reporta directo al Directorio y deja expuesto al gerente general”, afirma una fuente. La frase se repite. Describe un estilo. Y también una estrategia: crecer a costa de debilitar al que está arriba.
El malestar no termina ahí. Un ex gerente del Galicia aporta otra capa de tensión: “Evidentemente los 20 mil dólares mensuales no le alcanzan. O le están pidiendo hacer caja desde arriba”. La frase es dura. Pero circula.
En paralelo, Scarso no oculta su visión. En reuniones internas insiste con que el banco debería avanzar hacia un esquema privado o mixto, similar al Banco de La Pampa. Una idea que incomoda en una institución histórica del Estado.
Su continuidad también tuvo su propia novela. En febrero vencía su contrato. Según las fuentes, se apoyó en Bastante y activó a Sarquis para que gestione ante Caputo. El resultado fue claro: renovación asegurada.
Hoy, con contrato vigente y respaldo político, Scarso avanza. Y lo hace en silencio, pero con determinación. Mientras tanto, en el Nación la interna sigue abierta. Nadie habla en público. Pero todos miran la misma silla.




