Eran bienes de Aduana con destino social. Solo llegó una mínima parte. El caso resurge y apunta a funcionarios libertarios en Rosario.
En Rosario, un lote de ropa incautada por la Aduana reapareció en la agenda mediática con un dato incómodo: de 17 mil prendas de marca que debían ser donadas, solo llegaron mil. El resto se perdió en el camino. O alguien se lo llevó.
La denuncia volvió a circular después de que el periodista Caferra lo contara en Radio 2. Según relató, funcionarios vinculados a La Libertad Avanza en Rosario habrían accedido a depósitos de la Aduana donde se almacenaba mercadería secuestrada. Entre esos bienes, ropa de la marca Lacoste.
El caso no es nuevo. Había sido difundido en agosto de 2024. Pero ahora reaparece con más detalles y en un contexto político distinto. Lo que antes parecía un episodio aislado, hoy se lee como parte de una trama más amplia de manejo discrecional de bienes públicos.
El circuito era claro en los papeles. La mercadería había sido incautada por la Dirección General de Aduanas. Luego, como ocurre en estos casos, debía ser destinada a fines sociales. El destino asignado era la fundación Luchadores Latinos, una organización que trabaja en barrios vulnerables.
Pero algo falló. De las 17 mil prendas previstas, apenas unas mil llegaron efectivamente a la fundación. El número no cierra. Faltan 16 mil. Y no hay explicación oficial que logre justificar esa diferencia.
Desde la fundación confirmaron que recibieron una cantidad muy inferior a la anunciada. El dato es concreto. Lo que debía ser una donación significativa terminó siendo simbólica. Y dejó más preguntas que respuestas.
En paralelo, crecen las versiones sobre lo que pasó en los depósitos. “Entraban y salían sin mucho control”, deslizó una fuente que conoce el funcionamiento interno.
El punto más sensible es la posible participación de funcionarios. Según lo que se mencionó en Radio 2, personas vinculadas a La Libertad Avanza habrían tenido acceso directo a la mercadería. No hay imputaciones formales públicas, pero la sospecha circula.
El caso pone el foco en un problema recurrente. El manejo de bienes incautados suele moverse en una zona gris.
La dimensión del faltante no es menor. Si se toma el volumen original, se trata de una pérdida masiva de bienes que tenían destino social. En términos simples: ropa que debía llegar a sectores vulnerables, no llegó.
El tema volvió a escena en un momento sensible para el oficialismo. Y suma ruido en un terreno donde la transparencia es clave. Nadie quiere explicar por qué desaparecieron miles de prendas. Pero la pregunta ya está instalada.
En Rosario, mientras tanto, la historia se comenta en voz baja. No es la primera vez que pasa algo así. Pero sí una de las más evidentes. Porque esta vez, el agujero es demasiado grande para esconderlo debajo de la alfombra.




