sábado, 14 febrero 2026

El trasfondo de la denuncia contra Milei por la entrega de facturas truchas a Scioli

La publicación de La Nación deja entrever que las diferencias entre Mauricio Macri y el Presidente persisten. La nota es de Alconada Mon, espada periodística del ingeniero.

En las últimas horas, La Nación reveló en una investigación llevada a cabo por el periodista Hugo Alconada Mon que el ahora presidente Javier Milei emitió facturas truchas por $120 millones a Daniel Scioli cuando era gobernador de la provincia de Buenos Aires. 

De acuerdo a lo que remarcó Alconada Mon, espada periodística de Mauricio Macri, el economista liberal tuvo que enfrentar el escrutinio de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) e ingresó en moratoria por 5 años, en el momento en el que era asesor de empresas en el Banco Provincia. 

De acuerdo a la denuncia expuesta en la nota de Alconada Mon, el accionar de Milei comenzó a ser visible desde 2015 hasta 2020, año en el que ya analizaba lanzarse como diputado nacional. El liberal hizo facturas como profesional cuando también era economista jefe de la Fundación Acordar.

Milei emitió facturas en favor de Provincia Seguros para cobrar servicios de “consultoría”, “gastos”, “estudios complementarios” y “otros honorarios por trabajos pedidos”. Al menos 25 de ellas fueron objetadas.

Mauricio Macri y Javier Milei.

No obstante, en los archivos de Provincia Seguros no están registrados los trabajos de “consultoría” ni otros servicios de parte de Milei, según informó La Nación. De hecho, nunca entró a la sede de la empresa, que se encuentra en el microcentro porteño.

No es casual que esta investigación salga publicada en La Nación, un medio en el que Mauricio Macri elige hablar. Tampoco que la haya publicado Alconada Mon, su espada periodística. A su turno, Clarín defiende más la gestión de Luis “Toto” Caputo, más que la de Milei; y Santiago Caputo habla por medio de Iván Schargrodsky.

Macri y Milei vienen teniendo diferencias en el modo de conducir la Argentina. Lejos de querer fusionar el PRO y LLA, el ex presidente le marca la cancha al economista cada vez que puede y la semana pasada lo hizo notar en el Congreso, cuando votó a favor de voltear el DNU para ampliar los fondos reservados de la SIDE. Golpe para Santiago Caputo, a quien le declaró la guerra. 

Otro de los que golpeó a Milei fue Carlos Maslatón, quien a través de su cuenta de X aseguró que “no veo grave que Javier Milei le haya vendido servicios al estado provincial kirchnerista en la década pasada, ni que la prestación fuera parte de una transa política con Scioli”.

“Pero sí es inaceptable que Milei haya ensuciado y difamado miles de personas por hacer lo mismo que él, y que se haya presentado en campaña como sujeto que no toca fondos públicos cuando sí lo ha venido haciendo para sí mismo. Mi imputación no es legal, es moral”, dijo.

Compartir

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Te puede interesar
TAMBIÉN

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa política del gobierno

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa chica que cuidó la reforma laboral En la política argentina siempre hay un personaje que no sale en las fotos pero aparece en todas las decisiones. En el Gobierno de Javier Milei, ese lugar lo ocupa Ignacio Devitt. Secretario de Asuntos Estratégicos, nombre técnico para una función política muy concreta: ordenar, monitorear y asegurarse de que las cosas sucedan sin ruido. Mientras otros discutían en público, él contaba votos en privado. Devitt es, probablemente, el menos conocido de la mesa política que siguió de cerca la aprobación de la reforma laboral. Una mesa heterogénea, donde conviven estilos y roles muy distintos. Karina Milei como vértice del poder real, obsesiva del control político. Manuel Adorni como vocero y escudo mediático. Martín y “Lule” Menem como operadores parlamentarios con oficio heredado. Y, detrás de todos ellos, Devitt, el funcionario que aparece cuando hay que cerrar. En un gobierno donde la visibilidad suele ser sinónimo de influencia, Devitt construyó exactamente lo contrario. Su capital político es la discreción. No polemiza, no filtra, no declara. En la Casa Rosada lo describen como un organizador. Alguien que traduce decisiones políticas en secuencias operativas. Quién llama a quién. Cuándo se negocia. Cuándo se espera. Y, sobre todo, cuándo no hablar. La reforma laboral fue su primera gran prueba. No por el contenido del proyecto, sino por la ingeniería política necesaria para que avanzara en un Congreso fragmentado y con aliados inestables. Mientras Adorni explicaba el rumbo en conferencias y los Menem tejían acuerdos legislativos, Devitt seguía el minuto a minuto del tablero. Su tarea era evitar sorpresas. En un oficialismo con pocos votos propios, eso equivale a evitar accidentes. En ese esquema, el secretario de Asuntos Estratégicos cumple un rol que en otros gobiernos ocupaban jefes de Gabinete o ministros políticos. Pero con una diferencia: sin estructura propia ni exposición pública. Su poder no surge del cargo sino de la confianza directa del círculo más cerrado del Gobierno, especialmente de Karina Milei, que privilegia perfiles ejecutivos antes que figuras con vuelo propio. El resultado es un funcionario difícil de encasillar. No viene del armado territorial ni del mundo mediático. Tampoco del sindicalismo o la rosca clásica. Su perfil encaja mejor en la lógica empresarial que Milei intenta trasladar al Estado: menos discurso, más ejecución. En la práctica, alguien que verifica que las órdenes se cumplan. En los pasillos del Congreso lo describen con una mezcla de curiosidad y alivio. Curiosidad porque pocos lo conocen realmente. Alivio porque, a diferencia de otros interlocutores del oficialismo, no suele sobreactuar posiciones ideológicas. Escucha, toma nota y vuelve con respuestas. En tiempos de política performática, ese estilo casi administrativo resulta exótico. La paradoja es que cuanto menos aparece, más crece su influencia. La aprobación de la reforma laboral consolidó una mesa política donde cada uno cumple un rol preciso: Karina decide, Adorni comunica, los Menem negocian y Devitt ordena. Un reparto de funciones que explica, en parte, cómo un gobierno sin mayoría propia logró avanzar con una de sus reformas más sensibles. En la Casa Rosada lo resumen con una frase simple: cuando el tema es delicado, aparece Devitt. Y cuando aparece Devitt, es porque alguien ya hizo las cuentas.

Radicales en modo doble discurso: rechazo mediático, voto afirmativo en el recinto

El bloque radical había marcado diferencias con la eliminación del régimen vinculado al estatuto del periodista, pero en el recinto acompañó el proyecto. El giro dejó expuesta la tensión entre el discurso público y la estrategia parlamentaria.

Amor, poder y rumores: el romance que agitó los pasillos del Congreso

Chats, reproches y puertas que se cierran. El vínculo entre Nicolás Massot y Fernanda Ávila salió del ámbito privado y se transformó en un relato que recorre despachos y cafeterías del Congreso, donde la política y la vida íntima rara vez avanzan por caminos separados.