sábado, 14 febrero 2026

La caída de la recaudación de julio pone en jaque al Gobierno

El monto cayó producto de la baja de la actividad económica. En septiembre se le sumará la reducción del Impuesto País, tal como anunció el Gobierno. Caputo pretende compensar ese menor ingreso con el blanqueo

El gobierno sufrió su primer impacto negativo en material fiscal. Caputo adelantó que en julio el superávit se interrumpirá por primera vez en la era de Javier Milei por tener que cumplir con los pagos de la deuda al FMI. El ministro aclaró que el resultado primario seguirá siendo positivo.

La recaudación cayó alrededor de un 10% en ese mes, aunque esto no pone en riesgo la meta fiscal negociada por el FMI, ya que el oficialismo viene acumulando superávits consecutivos.  De hecho, en reiteradas ocasiones el Gobierno había destacado que superaba ampliamente ese acuerdo.

Sin embargo, con estos números la discusión gira en torno a la quita del Impuesto País, una de las cargas impositivas que más recauda. La semana pasada, tanto Milei como Caputo habían confirmado que en septiembre ese tributo bajará del 17.5% al 7.5%. De esta forma, a partir de ese mes el Gobierno corre el riesgo de profundizar la baja de la recaudación y volver a tener déficit.

Para el economista Federico Zirulnik, a pesar de esto la quita del Impuesto País no está en riesgo ya que el Gobierno se comprometió a no renovarlo en diciembre. “Yo la verdad que no veo que corra riesgo eso”, indicó en diálogo con Mosca.

Además, explicó que la caída de la recaudación se debe principalmente a la baja actividad económica, algo que calificó como “circulo vicioso”: “Esta caída de la recaudación se explica por la caída de la actividad, la mayor recesión, mayor nivel de desempleo, eso hace que haya también menos recaudación. Hay como una especie de círculo vicioso, porque el gobierno ajusta, sigue ajustando, eso genera mayor recesión. Yo entiendo que van a sostener o incluso profundizar, si hace falta, el ajuste para alcanzar al menos el equilibrio.”

Por su parte, el director de EcoGO, Sebastián Menescaldi, sostuvo que el plan del gobierno para volver a tener superávit es el blanqueo, donde viene anunciando distintas medidas. Destacó que para eso además es necesario que la actividad repunte aunque sea un poco. “Probablemente el blanqueo mejore las cuentas fiscales en el corto plazo junto con una mejora parcial de los niveles de actividad”, deslizó el economista.

Compartir

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Te puede interesar
TAMBIÉN

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa política del gobierno

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa chica que cuidó la reforma laboral En la política argentina siempre hay un personaje que no sale en las fotos pero aparece en todas las decisiones. En el Gobierno de Javier Milei, ese lugar lo ocupa Ignacio Devitt. Secretario de Asuntos Estratégicos, nombre técnico para una función política muy concreta: ordenar, monitorear y asegurarse de que las cosas sucedan sin ruido. Mientras otros discutían en público, él contaba votos en privado. Devitt es, probablemente, el menos conocido de la mesa política que siguió de cerca la aprobación de la reforma laboral. Una mesa heterogénea, donde conviven estilos y roles muy distintos. Karina Milei como vértice del poder real, obsesiva del control político. Manuel Adorni como vocero y escudo mediático. Martín y “Lule” Menem como operadores parlamentarios con oficio heredado. Y, detrás de todos ellos, Devitt, el funcionario que aparece cuando hay que cerrar. En un gobierno donde la visibilidad suele ser sinónimo de influencia, Devitt construyó exactamente lo contrario. Su capital político es la discreción. No polemiza, no filtra, no declara. En la Casa Rosada lo describen como un organizador. Alguien que traduce decisiones políticas en secuencias operativas. Quién llama a quién. Cuándo se negocia. Cuándo se espera. Y, sobre todo, cuándo no hablar. La reforma laboral fue su primera gran prueba. No por el contenido del proyecto, sino por la ingeniería política necesaria para que avanzara en un Congreso fragmentado y con aliados inestables. Mientras Adorni explicaba el rumbo en conferencias y los Menem tejían acuerdos legislativos, Devitt seguía el minuto a minuto del tablero. Su tarea era evitar sorpresas. En un oficialismo con pocos votos propios, eso equivale a evitar accidentes. En ese esquema, el secretario de Asuntos Estratégicos cumple un rol que en otros gobiernos ocupaban jefes de Gabinete o ministros políticos. Pero con una diferencia: sin estructura propia ni exposición pública. Su poder no surge del cargo sino de la confianza directa del círculo más cerrado del Gobierno, especialmente de Karina Milei, que privilegia perfiles ejecutivos antes que figuras con vuelo propio. El resultado es un funcionario difícil de encasillar. No viene del armado territorial ni del mundo mediático. Tampoco del sindicalismo o la rosca clásica. Su perfil encaja mejor en la lógica empresarial que Milei intenta trasladar al Estado: menos discurso, más ejecución. En la práctica, alguien que verifica que las órdenes se cumplan. En los pasillos del Congreso lo describen con una mezcla de curiosidad y alivio. Curiosidad porque pocos lo conocen realmente. Alivio porque, a diferencia de otros interlocutores del oficialismo, no suele sobreactuar posiciones ideológicas. Escucha, toma nota y vuelve con respuestas. En tiempos de política performática, ese estilo casi administrativo resulta exótico. La paradoja es que cuanto menos aparece, más crece su influencia. La aprobación de la reforma laboral consolidó una mesa política donde cada uno cumple un rol preciso: Karina decide, Adorni comunica, los Menem negocian y Devitt ordena. Un reparto de funciones que explica, en parte, cómo un gobierno sin mayoría propia logró avanzar con una de sus reformas más sensibles. En la Casa Rosada lo resumen con una frase simple: cuando el tema es delicado, aparece Devitt. Y cuando aparece Devitt, es porque alguien ya hizo las cuentas.

Radicales en modo doble discurso: rechazo mediático, voto afirmativo en el recinto

El bloque radical había marcado diferencias con la eliminación del régimen vinculado al estatuto del periodista, pero en el recinto acompañó el proyecto. El giro dejó expuesta la tensión entre el discurso público y la estrategia parlamentaria.

Amor, poder y rumores: el romance que agitó los pasillos del Congreso

Chats, reproches y puertas que se cierran. El vínculo entre Nicolás Massot y Fernanda Ávila salió del ámbito privado y se transformó en un relato que recorre despachos y cafeterías del Congreso, donde la política y la vida íntima rara vez avanzan por caminos separados.