sábado, 14 febrero 2026

Alarmante: A pesar de la caída de la demanda, el 12% del consumo eléctrico es importado

Por falta de previsión para el abastecimiento de las centrales térmicas, el mega se paga tres veces más caro y presiona sobre las reservas. Para Caputo, Chirillo es “una màquina de perder dinero”.

En el gobierno le rezan al termómetro. La ola polar esta saliendo carísima. La falta de previsión y las fuertes internas que cruzan la cartera de Energía tienen como consecuencia directa una suba de los costos del precio de ingreso al sistema (PIST) de la energía eléctrica.

Durante la tarde de este domingo, horario pico de sol, la demanda había bajado muchísimo. Del récord invernal de mas de 26.500 MWh, el Sistema Argentino de Inerconexión (SADI) mostaba un consumo menor a los 17.500 MWh. Con estos números resultó mas que llamativo el volúmen de importación proveniente de Brasil, superior a los 1500MWh. 

Lo primero que hay que entender es que en condiciones corrientes, las importaciones de países vecinos explican menos del 1% del abastecimiento, en tanto la generación térmica se ubica en un promedio del 60%. Esta ecuación se altera ante un saltó imprevisto de la demanda. 

Dado que en este caso la demanda se redujo considerablemente, cobra mayor dimensión que se este importando el 12% del consumo de energía eléctrica, y que las centrales estén ocupando apenas el 43% de la matriz.  

“En el país de Vaca Muerta, no hay gas para las centrales que son el sósten de la generación eléctrica. Ante el riesgo de un apagón, traen de apuro megas de Brasil, que son más caros que los que entrega Bolivia o Paraguay” dijo a LPO un ex funcionario de Energía. 

Fuentes oficiales respondieron que cada tres días llega un buque con GNL al puerto de Escobar. Se regasifican 19 millones de m3 al día. Pero el sistema opera con picos de demanda que alcanzan los 90 millones de m3. 

El costo de producción de energía en Argentina se ubica en torno a los USD 85 MWh. Ahora la Nación está importando a USD 250 dólares MWh, más que el triple, para que el país no se apague.

“Mientras Caputo se quema las pestañas para juntar dólares, Chirillo es una maquinita de perder plata” dijo a LPO una fuente que circula por el Palacio de Hacienda. 

Compartir

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Te puede interesar
TAMBIÉN

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa política del gobierno

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa chica que cuidó la reforma laboral En la política argentina siempre hay un personaje que no sale en las fotos pero aparece en todas las decisiones. En el Gobierno de Javier Milei, ese lugar lo ocupa Ignacio Devitt. Secretario de Asuntos Estratégicos, nombre técnico para una función política muy concreta: ordenar, monitorear y asegurarse de que las cosas sucedan sin ruido. Mientras otros discutían en público, él contaba votos en privado. Devitt es, probablemente, el menos conocido de la mesa política que siguió de cerca la aprobación de la reforma laboral. Una mesa heterogénea, donde conviven estilos y roles muy distintos. Karina Milei como vértice del poder real, obsesiva del control político. Manuel Adorni como vocero y escudo mediático. Martín y “Lule” Menem como operadores parlamentarios con oficio heredado. Y, detrás de todos ellos, Devitt, el funcionario que aparece cuando hay que cerrar. En un gobierno donde la visibilidad suele ser sinónimo de influencia, Devitt construyó exactamente lo contrario. Su capital político es la discreción. No polemiza, no filtra, no declara. En la Casa Rosada lo describen como un organizador. Alguien que traduce decisiones políticas en secuencias operativas. Quién llama a quién. Cuándo se negocia. Cuándo se espera. Y, sobre todo, cuándo no hablar. La reforma laboral fue su primera gran prueba. No por el contenido del proyecto, sino por la ingeniería política necesaria para que avanzara en un Congreso fragmentado y con aliados inestables. Mientras Adorni explicaba el rumbo en conferencias y los Menem tejían acuerdos legislativos, Devitt seguía el minuto a minuto del tablero. Su tarea era evitar sorpresas. En un oficialismo con pocos votos propios, eso equivale a evitar accidentes. En ese esquema, el secretario de Asuntos Estratégicos cumple un rol que en otros gobiernos ocupaban jefes de Gabinete o ministros políticos. Pero con una diferencia: sin estructura propia ni exposición pública. Su poder no surge del cargo sino de la confianza directa del círculo más cerrado del Gobierno, especialmente de Karina Milei, que privilegia perfiles ejecutivos antes que figuras con vuelo propio. El resultado es un funcionario difícil de encasillar. No viene del armado territorial ni del mundo mediático. Tampoco del sindicalismo o la rosca clásica. Su perfil encaja mejor en la lógica empresarial que Milei intenta trasladar al Estado: menos discurso, más ejecución. En la práctica, alguien que verifica que las órdenes se cumplan. En los pasillos del Congreso lo describen con una mezcla de curiosidad y alivio. Curiosidad porque pocos lo conocen realmente. Alivio porque, a diferencia de otros interlocutores del oficialismo, no suele sobreactuar posiciones ideológicas. Escucha, toma nota y vuelve con respuestas. En tiempos de política performática, ese estilo casi administrativo resulta exótico. La paradoja es que cuanto menos aparece, más crece su influencia. La aprobación de la reforma laboral consolidó una mesa política donde cada uno cumple un rol preciso: Karina decide, Adorni comunica, los Menem negocian y Devitt ordena. Un reparto de funciones que explica, en parte, cómo un gobierno sin mayoría propia logró avanzar con una de sus reformas más sensibles. En la Casa Rosada lo resumen con una frase simple: cuando el tema es delicado, aparece Devitt. Y cuando aparece Devitt, es porque alguien ya hizo las cuentas.

Radicales en modo doble discurso: rechazo mediático, voto afirmativo en el recinto

El bloque radical había marcado diferencias con la eliminación del régimen vinculado al estatuto del periodista, pero en el recinto acompañó el proyecto. El giro dejó expuesta la tensión entre el discurso público y la estrategia parlamentaria.

Amor, poder y rumores: el romance que agitó los pasillos del Congreso

Chats, reproches y puertas que se cierran. El vínculo entre Nicolás Massot y Fernanda Ávila salió del ámbito privado y se transformó en un relato que recorre despachos y cafeterías del Congreso, donde la política y la vida íntima rara vez avanzan por caminos separados.