martes, 17 febrero 2026

Las razones de la renuncia de Posse: sospecha de espionaje y falta de ímpetu privatizador

La salida de Nicolás Posse del Gobierno irrumpió este lunes por la noche luego que se especulaba con que podría dejar el cargo. Con claras diferencias con el presidente Javier Milei, las razones sobre su renuncia giraron en torno a la falta de ímpetu privatizador y sospechas de espionaje en la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). 

Sobre la primera variable de la partida de Posse del Ejecutivo, todo quedó expuesto cuando el funcionario nacional tuvo que defender su gestión en el Senado. Entonces, le preguntaron quién era Martín Mestu, Senior Partner de McKinsey & Company, Inc, quien funciona como un operador de las privatizaciones que busca impulsar el Gobierno. 

El Licenciado en Administración con un Master en Administración de Negocios de la Universidad de Chicago Booth, tenía entrada libre a Casa Rosada, pese a no contar con un cargo. Esa falta de determinación en Posse fue que lo llevó a abandonar su rol de jefe de Gabinete. 

El lugar de Posse, quien deja el Gobierno por “diferencias de criterios y expectativas en la marcha del Gobierno y las tareas encomendadas”, será ocupado por el ministro del Interior, Guillermo Francos. 

Tras la salida de Posse, renunció Sívori de la AFI

Por otro lado, ni bien se supo de su salida, se produjo la renuncia del interventor de la AFI, Silvestre Sívori. Es que se trata de uno de sus principales colaboradores, el cual no estaba exento de las diferencias de parte del Ejecutivo. Las sospechas de espionaje fueron la clave para que el Gobierno mirara a la ex-SIDE de reojo.

El abogado Sívori, que estuvo anteriormente con el PRO, había asumido a su cargo mediante los decretos 22 y 24 publicados el 12 de diciembre en el Boletín Oficial a instancias de Posse. La normativa contaba con su firma, al igual que con la de Milei. Con el objetivo de normalizar el organismo, se le dio al titular amplios poderes. 

A diferencia de lo que ocurría en gobiernos previos, quien estaba a cargo de la AFI no tenía línea directa con el Presidente, sino que, en este caso, con Posse. Sívori no tenía relación ni reuniones a solas con Milei, quien mostró rechazo por el espionaje y analizó ver qué hacer con su función.

La idea del mandatario nacional era darle otra perspectiva profesional a la Agencia, con el foco puesto en el exterior y la cooperación con agencias de otros países, tales como Estados Unidos e Israel, a los cuales considera como importantes en Occidente.

Compartir

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Te puede interesar
TAMBIÉN

El servicio de limpieza de Salto Grande y la trama que conecta a Reidel, el PRO y una empresa que se repite

La misma estructura empresaria señalada en la polémica por contrataciones en Nucleoeléctrica aparece como proveedora en la represa binacional. Detrás del servicio de limpieza, una red de sociedades, vínculos políticos y contratos que vuelven a cruzar energía, negocios y poder

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa política del gobierno

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa chica que cuidó la reforma laboral En la política argentina siempre hay un personaje que no sale en las fotos pero aparece en todas las decisiones. En el Gobierno de Javier Milei, ese lugar lo ocupa Ignacio Devitt. Secretario de Asuntos Estratégicos, nombre técnico para una función política muy concreta: ordenar, monitorear y asegurarse de que las cosas sucedan sin ruido. Mientras otros discutían en público, él contaba votos en privado. Devitt es, probablemente, el menos conocido de la mesa política que siguió de cerca la aprobación de la reforma laboral. Una mesa heterogénea, donde conviven estilos y roles muy distintos. Karina Milei como vértice del poder real, obsesiva del control político. Manuel Adorni como vocero y escudo mediático. Martín y “Lule” Menem como operadores parlamentarios con oficio heredado. Y, detrás de todos ellos, Devitt, el funcionario que aparece cuando hay que cerrar. En un gobierno donde la visibilidad suele ser sinónimo de influencia, Devitt construyó exactamente lo contrario. Su capital político es la discreción. No polemiza, no filtra, no declara. En la Casa Rosada lo describen como un organizador. Alguien que traduce decisiones políticas en secuencias operativas. Quién llama a quién. Cuándo se negocia. Cuándo se espera. Y, sobre todo, cuándo no hablar. La reforma laboral fue su primera gran prueba. No por el contenido del proyecto, sino por la ingeniería política necesaria para que avanzara en un Congreso fragmentado y con aliados inestables. Mientras Adorni explicaba el rumbo en conferencias y los Menem tejían acuerdos legislativos, Devitt seguía el minuto a minuto del tablero. Su tarea era evitar sorpresas. En un oficialismo con pocos votos propios, eso equivale a evitar accidentes. En ese esquema, el secretario de Asuntos Estratégicos cumple un rol que en otros gobiernos ocupaban jefes de Gabinete o ministros políticos. Pero con una diferencia: sin estructura propia ni exposición pública. Su poder no surge del cargo sino de la confianza directa del círculo más cerrado del Gobierno, especialmente de Karina Milei, que privilegia perfiles ejecutivos antes que figuras con vuelo propio. El resultado es un funcionario difícil de encasillar. No viene del armado territorial ni del mundo mediático. Tampoco del sindicalismo o la rosca clásica. Su perfil encaja mejor en la lógica empresarial que Milei intenta trasladar al Estado: menos discurso, más ejecución. En la práctica, alguien que verifica que las órdenes se cumplan. En los pasillos del Congreso lo describen con una mezcla de curiosidad y alivio. Curiosidad porque pocos lo conocen realmente. Alivio porque, a diferencia de otros interlocutores del oficialismo, no suele sobreactuar posiciones ideológicas. Escucha, toma nota y vuelve con respuestas. En tiempos de política performática, ese estilo casi administrativo resulta exótico. La paradoja es que cuanto menos aparece, más crece su influencia. La aprobación de la reforma laboral consolidó una mesa política donde cada uno cumple un rol preciso: Karina decide, Adorni comunica, los Menem negocian y Devitt ordena. Un reparto de funciones que explica, en parte, cómo un gobierno sin mayoría propia logró avanzar con una de sus reformas más sensibles. En la Casa Rosada lo resumen con una frase simple: cuando el tema es delicado, aparece Devitt. Y cuando aparece Devitt, es porque alguien ya hizo las cuentas.

Radicales en modo doble discurso: rechazo mediático, voto afirmativo en el recinto

El bloque radical había marcado diferencias con la eliminación del régimen vinculado al estatuto del periodista, pero en el recinto acompañó el proyecto. El giro dejó expuesta la tensión entre el discurso público y la estrategia parlamentaria.