Un estudio demuestra que la descalificación genera más interacciones y suma votos entre los seguidores afines, explicando por qué el estilo del Presidente resulta más rentable.
La agresividad verbal y la descalificación constante de parte del presidente Javier Milei fueron interpretadas generalmente como un rasgo de su temperamento. Sin embargo, un estudio reciente sugiere que este comportamiento puede beneficiarlo en términos comunicacionales con mayor visibilidad y más caudal de votos en elecciones.
Una investigación académica elaborada por Elliot Motte, especialista de la Universitat Pompeu Fabra, bajo el título Insult Politics in the Age of Social Media (La política del insulto en la era de las redes sociales) basada en un relevamiento de más de tres millones de intervenciones de congresistas estadounidenses entre 2017 y 2022, ofrece claves para interpretar la estrategia del mandatario argentino.
Si bien el estudio no analiza de manera directa al mandatario nacional, sus conclusiones permiten comprender por qué la confrontación permanente puede transformarse en una herramienta altamente funcional para un líder político.
El primer punto importante de la investigación demuestra que el contenido considerado tóxico consigue de forma sistemática mayores niveles de repercusión. Los mensajes ofensivos registran, en promedio, un 16,8% más de interacciones, contempladas en la aprobación con “me gusta”; si se lo compara con posteos con tonos más moderados hechos por el mismo representante en el mismo período semanal.
Sin contemplar el tema, el sarcasmo o la vehemencia de las críticas, el análisis determina que la agresividad aporta un condimento propio en la captación de atención, diferenciando la descalificación personal del debate ideológico.
El estudio vinculó los picos de violencia verbal de legisladores con encuestas de opinión pública a través del sondeo norteamericano Nationscape. El cruce de datos arrojó que, tras una semana caracterizada por un incremento inusual de expresiones hostiles, la intención de voto favorable hacia el dirigente estudiado creció un promedio de 2,4%.
Sin embargo, ese impulso fue fugaz y rápidamente regresó a los márgenes habituales a la semana siguiente. Este incremento se concentró entre los sectores afines al político, al tiempo que profundizó la distancia con los votantes opositores.
En el caso particular de Javier Milei, la aplicación de estos conceptos ayuda a explicar por qué sostiene, más allá de los que puede llegar a ser un rasgo de su personalidad, un estilo confrontativo que utiliza la descalificación contra periodistas, dirigentes opositores y economistas como eje rector.
El insulto capta atención, refuerza la identidad de sus seguidores y genera un sinfín de réplicas que mantiene al mandatario en el centro del debate público. Además, el trabajo académico identifica que los ataques dirigidos de forma personal hacia un individuo logran un impacto superior en términos de interacción que aquellos dirigidos a instituciones o medidas de gobierno, lo que ratifica la efectividad de personalizar el conflicto.
De todos modos, la investigación remarca que las interacciones son más beneficiosas en aquellos dirigentes que agreden de manera excepcional ya que el factor sorpresa tiene una alta injerencia. Distinto es el caso para quienes descalifican de forma habitual, como ocurre con Milei. En ese sentido, qué pasará con la comunicación del Presidente y sus efectos es una incógnita de cara a las próximas elecciones.







