lunes, 19 octubre 2026

El milagro libertario: los dólares entran, las inversiones se van y las deudas se quedan

Un informe de CIFRA revela la alquimia económica de Milei: fuga de casi 49 mil millones de dólares, inversión extranjera negativa y una morosidad que supera los niveles de la pandemia. Para 2027 faltan 22.700 millones de dólares. La cuenta no cierra.

La economía de Javier Milei consiguió un fenómeno digno de estudio: la Argentina exporta como nunca, recibe dólares por sus ventas al exterior, ofrece beneficios extraordinarios a los inversores y, sin embargo, cada vez tiene menos inversión productiva. Los dólares entran por una puerta y salen por la otra. La diferencia se paga con deuda. Es el capitalismo libertario en su versión más sofisticada: socializar los vencimientos y privatizar la salida.

El último informe del Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA), elaborado por Pablo Manzanelli y Leandro Amoretti, le pone números a esa alquimia. Entre diciembre de 2025 y julio de 2026, la actividad económica cayó 4,1%. La inversión retrocedió 12,4% desde el primer trimestre de 2025 y la tasa de inversión se desplomó del 20% al 16,5% del PBI. El capital no desapareció. Sencillamente encontró destinos más rentables que producir.

El dato más estridente es la fuga. Desde que asumió Milei, la formación de activos externos del sector privado acumula 48.804 millones de dólares. Solo en los primeros ocho meses de 2026 salieron por esa vía más de 18.700 millones. Un promedio de 2.340 millones mensuales. Conviene aclarar que no toda compra de divisas implica necesariamente una salida física del sistema financiero local, pero CIFRA advierte que el incremento de los depósitos en dólares fue muy inferior. El entusiasmo inversor parece tener domicilio en el exterior.

La inversión extranjera tampoco se dejó seducir por la motosierra, la desregulación y el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Desde diciembre de 2023 hasta agosto de 2026, la inversión extranjera directa registra un saldo negativo de 1.788 millones de dólares. En cambio, las empresas extranjeras giraron utilidades y dividendos por 3.801 millones durante los primeros ocho meses de este año. No vienen a ponerla. Vienen a llevársela.

La paradoja se vuelve todavía más interesante cuando aparecen los dólares comerciales. Entre enero y agosto de 2026, el Banco Central recibió 23.249 millones de dólares por el superávit del comercio de bienes. Un récord histórico impulsado por el agro y la energía. Pero durante el mismo período se fueron 37.756 millones entre formación de activos externos, intereses, servicios y utilidades. Para sostener el circuito hubo que incorporar aproximadamente 19.000 millones de dólares de deuda. Una puerta giratoria financiada en cuotas.

La contracara doméstica es bastante menos divertida. Desde noviembre de 2023 se perdieron 370.343 empleos asalariados, mientras aumentaron en 171.206 los trabajadores independientes. El salario real cayó 12,6%. Y si se mide su poder de compra frente a los servicios, el derrumbe llega al 32,8%. Dicho de otro modo: la libertad de elegir consiste en decidir qué factura pagar primero.

La apertura importadora completa el cuadro. El Gobierno redujo aranceles en alrededor de 1.090 posiciones y avanzó sobre las regulaciones comerciales. En la industria textil, las importaciones de prendas y confecciones casi se duplicaron respecto del primer semestre de 2023, mientras las compras de insumos para producir localmente cayeron 40,7%. La utilización de la capacidad instalada bajó del 53,7% al 39,2%. Se importa la remera y se apaga la máquina de coser. La modernización llegó, pero no necesariamente a las fábricas argentinas.

Y cuando el salario no alcanza, aparece el crédito. Primero como salvavidas y después como problema. En julio de 2026, la morosidad de las familias con entidades financieras llegó al 12,9%. En préstamos personales trepó al 16,7%. Entre los proveedores no financieros, como fintech y tarjetas no bancarias, había alcanzado el 28,6% en febrero. En los créditos vinculados con electrodomésticos, el incumplimiento llegó al 44,3%. Son niveles que, según CIFRA, superan incluso los de la pandemia. La heladera se compra en cuotas; pagarlas ya pertenece al terreno de la ciencia ficción.

Para los bancos, sin embargo, el negocio conserva sus encantos. La desregulación financiera permitió ampliar la distancia entre las tasas que cobran por prestar y las que pagan por los depósitos. El margen financiero real promedio se triplicó respecto de 2023: pasó de 1,7 a 5,1 puntos porcentuales. Un ejemplo especialmente revelador es Mercado Libre, cuyos ingresos por intereses de créditos alcanzaron los 409 millones de dólares en el primer trimestre de 2026, frente a 119 millones en igual período de 2024. Mientras los hogares se atrasan, el negocio de prestarles dinero prospera.

Tampoco todas las grandes empresas están de fiesta. Durante los primeros ocho meses del año colocaron obligaciones negociables por 10.892 millones de dólares, aunque alrededor de 4.000 millones se destinaron a cubrir vencimientos. El 63,4% de las emisiones correspondió al complejo energético. Es decir, una parte importante del financiamiento externo se concentra en los mismos sectores que generan los dólares de exportación. La industria y el consumo, mientras tanto, contemplan el espectáculo desde la tribuna.

El informe reserva para el final la parte más incómoda: 2027. El Gobierno nacional enfrenta vencimientos por 24.900 millones de dólares, a los que se suman 5.200 millones del Bopreal. Las fuentes de financiamiento más probables identificadas en el presupuesto suman apenas 7.400 millones. La brecha alcanza los 22.700 millones de dólares. Y eso sin contar los 2.400 millones que deben afrontar las provincias ni los 8.200 millones de obligaciones negociables privadas. En conjunto, los compromisos en moneda extranjera ascienden a 40.700 millones.

Las reservas tampoco ofrecen demasiado consuelo. Aunque el Banco Central acumuló compras de divisas por 14.421 millones de dólares hasta septiembre, las reservas netas medidas con la metodología del FMI seguían siendo negativas en 5.692 millones. La mejora existe, pero todavía está lejos de resolver la fragilidad externa. Y el ritmo de compras del Central cayó de un promedio diario de 96 millones de dólares entre enero y julio a apenas 22 millones en septiembre.

El problema es que el programa necesita cada vez más dólares para sostener una economía que produce menos, invierte menos y depende más del endeudamiento. El superávit comercial, lejos de garantizar estabilidad, alimenta un circuito en el que las divisas terminan financiando la salida de capitales, el pago de intereses y la remisión de ganancias. La inversión productiva queda relegada frente a la valorización financiera.

Milei prometió que la libertad económica desataría una lluvia de inversiones. Por ahora, lo que llueve son vencimientos. Los exportadores consiguen dólares, los bancos cobran intereses, las multinacionales giran dividendos y los acreedores esperan turno. Los trabajadores, en cambio, hacen malabares para pagar la tarjeta.

La Argentina encontró una fórmula bastante original para crecer: exporta para conseguir dólares, se endeuda para compensar los que se van y ajusta para convencer a quienes deberían prestarle los próximos.

El problema no es que falten dólares. Es que los dólares no se quedan. Y los que se quedan, se deben.

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