Un informe del Observatorio de Tierras de la UBA revela la voracidad de los intermediarios locales, que salieron a ofrecer campos, lagos y ríos apenas se levantaron las restricciones. La demanda extranjera, por ahora, no aparece.
La Corte Suprema abrió durante diez días una ventana para la extranjerización de tierras y los primeros en asomarse fueron los argentinos dispuestos a venderlas. La oportunidad desató una carrera de ofertas inmobiliarias sobre campos, lagos y ríos de la Patagonia. Pero hubo un detalle que deslució el entusiasmo: por ahora, no aparecen compradores extranjeros que hayan concretado operaciones.
El décimo informe del Observatorio de Tierras de la UBA, que integra Matías Oberlin, documentó la velocidad con la que intermediarios inmobiliarios salieron a aprovechar el levantamiento transitorio de las restricciones. Entre el 29 de septiembre y el 9 de octubre, el mercado local exhibió una notable voracidad por ofrecer recursos naturales al capital internacional.
La investigación reconstruyó el caso de Loma Alta Propiedades, una inmobiliaria que promocionó casi 3.000 hectáreas en Chubut, con un lago privado y 16 kilómetros de costa sobre el río Pico. Los avisos aparecieron en castellano e inglés y celebraban el regreso del interés extranjero por el campo argentino.
La ansiedad comercial encontró un clima político favorable. El senador libertario Joaquín Benegas Lynch, fundador junto a su esposa de una empresa dedicada al negocio inmobiliario rural, había defendido la flexibilización de las restricciones a la compra de tierras. La discusión incluso había provocado cuestionamientos en el Senado por sus intereses privados en el sector.
Sin embargo, la oferta no equivale a una venta. El informe acredita la aparición de publicaciones comerciales, pero no identifica compraventas concretadas durante esa ventana judicial. Tampoco permite descartar que hayan existido operaciones que todavía no se conocen.
La paradoja es bastante elocuente. Mientras el Gobierno sostiene que liberar el mercado de tierras permitirá atraer inversiones, los primeros movimientos visibles fueron de argentinos interesados en desprenderse de activos estratégicos. La voracidad vendedora está documentada. La supuesta avalancha compradora, todavía no.
El episodio deja una pregunta incómoda: si el capital extranjero está tan interesado en los recursos naturales argentinos, ¿por qué los únicos que salieron corriendo cuando la Corte abrió la ventana fueron los vendedores locales?
La Corte abrió la ventana. Los argentinos pusieron la tierra en oferta. Los extranjeros, por ahora, miran desde afuera.







