Lucía Montenegro, legisladora libertaria y karateca, participó de una actividad militante en el Bajo Flores y repartió choripanes entre los asistentes.
El choripán parece haber encontrado un lugar inesperado en la política libertaria. Lucía Montenegro, legisladora porteña cercana a Karina Milei, participó de una actividad en la Villa 1-11-14 donde se repartieron choripanes, en una escena bastante alejada de la estética que La Libertad Avanza eligió para diferenciarse de la política tradicional.
Montenegro, conocida también por su trayectoria en el karate, quedó en el centro de una postal curiosa. El espacio político que hizo de la crítica a las viejas prácticas partidarias una de sus principales banderas ahora recurre a una de las herramientas más reconocibles de la militancia territorial.
La actividad fue presentada bajo la consigna de que esa era «la mejor forma de hacer política». La frase tiene una particular resonancia dentro del universo libertario, donde durante años el choripán estuvo asociado a las movilizaciones del peronismo y a las críticas contra el clientelismo.
La escena también muestra una tensión que atraviesa al oficialismo. Una cosa es construir identidad política desde las redes sociales y otra muy distinta es disputar presencia en los barrios populares. Allí, el contacto directo, las actividades comunitarias y la organización territorial conservan un peso que ningún discurso contra la vieja política logró desplazar.
En ese terreno, el karinismo parece dispuesto a utilizar recursos que durante mucho tiempo estuvieron identificados con sus adversarios. El choripán, después de todo, no pregunta por la identidad partidaria de quien lo reparte.







