Los vecinos no dormían por un ruido constante al que describieron como un nido de avispas en actividad las 24 horas. Fue la clave para detectar una vivienda dedicada al minado de criptomoneda con conexiones ilegales, colgadas de la red eléctrica.
El zumbido no venía de un enjambre. Venía del consumo. En Luis Guillón, una casa particular funcionaba como una granja de criptomonedas alimentada con energía robada. Sin medidor. Sin factura. Sin límites. La maniobra fue detectada por Edesur tras una denuncia vecinal que alertó por ruidos constantes —un “nido de avispas” mecánico— y por reiteradas subas y bajas de tensión en la zona.
La investigación confirmó conexiones ilegales a la red eléctrica destinadas a sostener equipos de minado funcionando 24/7. Ventiladores industriales, consumo intensivo y una demanda que no figuraba en ningún registro. El clásico “colgado”, pero actualizado a la economía digital: electricidad gratis para producir activos virtuales.
El caso vuelve a exponer un problema doble. Por un lado, el hurto de energía como delito que encarece el sistema y pone en riesgo a vecinos por sobrecargas e incendios. Por el otro, el crecimiento de actividades de alto consumo eléctrico que buscan esquivar costos en un contexto de tarifas y controles más estrictos.
Desde la distribuidora remarcan que robar energía no es una picardía: es un riesgo de vida y un delito penal. Por eso, insisten en la denuncia anónima como herramienta clave. En tiempos de minería cripto doméstica, el ruido ya no es solo una molestia: puede ser la señal de una red colgada







