Javier Milei se prepara para leer un texto de 25 carillas ante un auditorio repleto de ejecutivos extranjeros. Afuera sobran oídos; adentro faltan socios.
La primera señal no la da el discurso, sino las butacas. La presencia de CEOs argentinos es escasa, casi simbólica. En un auditorio que el Gobierno vende como vidriera global del “nuevo clima de negocios”, el empresariado local brilla por su ausencia. Apenas aparecen Marcos Bulgheroni, junto a Alejandro Bulgheroni y Bettina Bulgheroni, titular del CiCyP, que nuclea a las cámaras empresarias. Completa la foto Martín Eurnekian, en representación de Corporación América. Nada más. El resto eligió no estar.
El contraste con el despliegue internacional es quirúrgico. Asisten 856 CEOs, en su mayoría extranjeros, convocados para escuchar al Presidente vender el modelo libertario como si fuera un roadshow permanente. Afuera del país, la épica del ajuste y la desregulación despierta curiosidad. Puertas adentro, genera cautela. O algo más parecido al escepticismo.
En ese escenario, Javier Milei se prepara para pronunciar un discurso de 25 carillas, según reveló Ezequiel Burgo en Clarín. Un texto largo, minucioso, pensado para explicar, convencer y seducir. El problema no es la extensión del discurso, sino el vacío que lo rodea: muchos oídos extranjeros, pocos empresarios locales dispuestos a aplaudir.
La postal deja una lectura incómoda. El programa económico entusiasma más afuera que adentro. El Gobierno logra atraer atención global, pero no logra todavía recomponer la relación con el capital doméstico, que convive con caída del consumo, costos en alza y una macro todavía frágil. Mucho relato pro mercado, poca validación local.
Así, antes de que Milei empiece a hablar, el mensaje ya está escrito. El modelo se promociona como exportación. En casa, los CEOs miran de reojo. Y el silencio, a veces, dice más que 25 carillas.







