Un testimonio judicial, nombres propios y fondos del exterior en una operación que abre un frente sensible.
En una declaración judicial que empezó a circular en video, Hugo Alberto Barbucci intenta explicar cómo adquirió tierras en una zona sensible. Y en ese intento deja más preguntas que respuestas.
Barbucci se presenta como propietario en la provincia de Santa Fe. Dice tener otras propiedades y relata que hace más de 20 años que viaja a San Nicolás. La escena es informal, pero el contenido es delicado. Está siendo interrogado y las respuestas, lejos de ordenar la historia, la vuelven más opaca.
En un tramo clave, reconoce la operación: asegura que compró una parcela —identificada como la número 150— en 2017. Y menciona al vendedor: Marcelo Mindlin. Ese dato le da un primer anclaje concreto a una transacción que hasta ahora se movía en el terreno de versiones.
Cuando le preguntan por el origen de los fondos, Barbucci no logra precisar con claridad. “Algo de 14 millones de dólares”, responde ante la consulta por el monto. La cifra queda flotando, sin detalle ni documentación a la vista. Pero el número alcanza para dimensionar la escala.
El punto más sensible llega después. Consultado directamente sobre quién aportó el dinero, Barbucci responde: “De los Emiratos”. La frase es breve, pero contundente. No habla de inversores privados ni de financiamiento bancario. Menciona a un país, a una potencia petrolera.
En otro momento de la declaración, intenta contextualizar su vínculo con militares. “Mi relación con los militares fue durante la época de polo… como entendemos acá en Argentina, es un club más conocido por los militares”, dice. Busca bajarle el tono institucional, pero el dato queda.
La operación no es menor. Se trata de tierras ubicadas en zona de seguridad de frontera, un régimen que en Argentina está sujeto a restricciones específicas. La normativa apunta justamente a evitar que capitales extranjeros —o estructuras opacas— acumulen control en áreas estratégicas.
En el mercado rural, el caso genera ruido. “Estas cosas se arman con capas de sociedades. Lo raro es que alguien lo diga así, sin filtro”, deslizó una fuente al tanto del caso. La exposición, más que la operatoria, es lo que descoloca.
El contexto tampoco ayuda. En un momento donde el Gobierno flexibiliza regulaciones para atraer inversiones, aparecen casos donde los controles parecen correrse. La pregunta es si se trata de una excepción o de un síntoma.
Por ahora no hay una reconstrucción oficial que ordene los hechos. Pero los elementos están sobre la mesa: un comprador identificado, un vendedor mencionado, millones de dólares sin detallar y una referencia directa a fondos provenientes del gobierno de los Emiratos Árabes.
Como en toda buena historia argentina, lo más importante no es lo que se dice, sino lo que falta. Y acá falta casi todo: trazabilidad del dinero, estructura de la operación y validación de los controles. Mientras tanto, la frontera —esa línea que debería ser nítida— empieza a correrse.




