viernes, 10 abril 2026

“Entramos en un punto dulce”: Daza festeja el momento y advierte contra los que apuestan al dólar

El viceministro habla de un “escenario extraordinario”, pero el equilibrio depende de que los dólares aparezcan.

“Entramos en un punto dulce”. La frase de José Luis Daza, el viceministro de Economía chileno, no fue casual. Buscó marcar un cambio de etapa. Después de meses de ajuste, caída de actividad y tensión cambiaria, el equipo económico cree haber llegado a una zona de mayor estabilidad.

El diagnóstico oficial combina varios elementos. “Inflación en desaceleración, cuentas fiscales ordenadas y un mercado cambiario sin sobresaltos”, enlistó el funcionario. Para Daza, esa combinación abre la puerta a un “escenario extraordinario”. No como promesa lejana, sino como una oportunidad concreta.

Pero el mensaje no fue solo celebratorio. También tuvo destinatarios. El viceministro pidió explícitamente no apostar a un dólar más alto. En otras palabras, buscó desalentar expectativas de devaluación en un momento donde el tipo de cambio se mantiene relativamente estable.

La advertencia no es menor. En Argentina, la expectativa de devaluación suele funcionar como profecía autocumplida. Si el mercado cree que el dólar va a subir, se cubre. Y esa cobertura, muchas veces, empuja efectivamente el precio. Daza intenta cortar ese circuito.

El problema es que el equilibrio no se sostiene solo con expectativas. Depende de flujos concretos. De dólares que entren. De exportaciones que se liquiden. De reservas que crezcan. Ahí es donde el “punto dulce” muestra sus límites.

El agro vuelve a ser protagonista. La cosecha gruesa aparece como la gran fuente de divisas en el corto plazo. Pero la velocidad de liquidación no está garantizada. Si los productores perciben que el tipo de cambio está retrasado, pueden demorar ventas. Es una dinámica conocida.

En paralelo, la economía real sigue golpeada. El consumo no reacciona y la industria acumula meses de caída. La estabilización financiera convive con un mercado interno debilitado. Es el costo del ajuste que permitió ordenar las variables macro.

En ese contexto, el mensaje de Daza tiene doble filo. Por un lado, busca consolidar la idea de que lo peor ya pasó. Por otro, intenta disciplinar expectativas en un punto donde cualquier ruido puede desarmar el esquema.

El plan funciona si todos creen que funciona”, sintetizó un analista financiero. La frase puede sonar cínica, pero describe bien el momento. La estabilidad es, en buena medida, una construcción frágil.

El “punto dulce” del que habla el Gobierno se parece a una mesa bien servida pero con platos prestados. Todo luce en orden, pero depende de que nadie se levante antes de tiempo. En Argentina, esa coordinación nunca es sencilla.

Por ahora, el equipo económico apuesta a sostener el clima. A que la inflación siga bajando. A que los dólares entren. Y a que el mercado no desafíe la consigna. No apostar al dólar es, en el fondo, pedir confianza. El problema es que la confianza, como la estabilidad, no se decreta. Se prueba

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