Mientras cruje la centralidad de Kicillof, en los bordes del peronismo asoma una liga alternativa con banqueros, operadores y un tenista devoto.
En el peronismo parece quieto pero no lo está. Con el liderazgo en discusión, el movimiento empieza a poblarse de candidatos, amagues y operaciones con aroma a sobremesa larga. En ese clima andan hoy los peronismos: buscando una salida, tanteando nombres y midiendo hasta dónde da la nafta de Axel Kicillof.
Los que no terminan de alinearse con el gobernador bonaerense empezaron a moverse para construir una opción alternativa. No hay todavía un dispositivo cerrado ni una mesa con mantel, pero sí conversaciones. Hay dirigentes que observan a Kicillof con prevención. No lo ven como una síntesis sino como una apuesta demasiado propia, demasiado cerrada y, sobre todo, demasiado dependiente de un experimento que todavía no demostró que pueda salir del laboratorio bonaerense.
En ese lote aparece Sergio Massa. O, mejor dicho, aparece y se esconde. Finge demencia. Dice que no está para otra “patriada”. Hace gestos de retiro, ensaya distancia y conserva ese sentido del humor que tantas veces le sirvió para atravesar incendios sin despeinarse del todo. Pero nadie en el peronismo serio cree que Massa haya pasado a retiro espiritual. A lo sumo está agazapado. Tomando nota.
Lo interesante es que, mientras se corre de la primera fila, Massa mira con desconfianza el ascenso de un amigo suyo. No de un enemigo. Peor: de un amigo. Se trata de Jorge Brito, el banquero que preside River Plate y que hace tiempo dejó de ser solamente un hombre de negocios. Su nombre empezó a circular como posible figura de recambio, de recorte moderno, de peronismo con planchado premium y vínculos aceitados con el poder económico.
Brito no aparece solo. Tiene detrás el aliento de dirigentes con varias mudanzas encima, como Emilio Monzó y Nicolás Massot. Dos experimentados en el arte de leer el desgaste de los liderazgos y anticiparse a los cambios de ciclo. Ninguno de los dos juega a perder el tiempo. Si miran a Brito, es porque creen que ahí puede haber algo más que una fantasía de café.
La novedad, acaso, no es solo el nombre del banquero. Es el tipo de armado que empieza a insinuarse. Un proyecto extrapartidario, o mejor dicho transpartidario, con terminales políticas, empresariales, deportivas y sociales. Una especie de mesa de notables sin solemnidad, pero con contactos. Un club de los que creen que el sistema de partidos está agotado, aunque siempre prefieren agotarlo desde adentro.
En ese entramado aparece otro aval llamativo: el “Gato” Gastón Gaudio. El extenista, también devoto de San Germán, forma parte de ese pequeño universo donde la política, los negocios y las amistades de alto octanaje se mezclan con naturalidad de country. La cercanía de Gaudio no pasa inadvertida porque arrastra otra asociación automática: Mauricio Macri.
La proximidad entre Gaudio y Macri haría pensar, lógicamente, en alguna participación del ex presidente en el proyecto. No sería extraño. Ambos comparten una camaradería animada, con raíces que se hunden hasta la castigada Catar, donde las relaciones, como los negocios y los afectos, suelen adquirir una densidad especial. Sin embargo, cerca de ellos dejan trascender que entre Macri y Gaudio habrían surgido algunas diferencias filosóficas. Típico de gatos: se acercan, se miran, se reconocen y después cada uno marca territorio.
Todo esto ocurre mientras el peronismo formal sigue discutiendo su propio rompecabezas. Kicillof busca afirmarse. Cristina conserva centralidad simbólica. Massa administra sus silencios. Y alrededor empieza a crecer una fauna de nombres, operadores y amigos bien conectados que tantean un peronismo menos doctrinario, más flexible, más apto para codearse con los dueños de la pelota y del crédito.
La pregunta es si se trata de un proyecto político o de una hipótesis con apellidos. En la Argentina, a veces la diferencia entre una cosa y la otra dura apenas un almuerzo. Pero el dato ya está. Hay sectores del peronismo que no quieren quedar pegados a una sola conducción y empezaron a buscar alternativa. No encontraron todavía un candidato. Encontraron algo más argentino: una rosca con banquero, padrinos experimentados y un tenista místico orbitando la escena.




