jueves, 9 abril 2026

Se apaga el horno: la cadena de panaderías top al borde de la quiebra

Pan Danés entró en concurso preventivo, cerró locales y acumula cheques rechazados. El consumo se desplomó y dejó al descubierto un modelo que dependía de otra Argentina.

La postal es conocida pero ahora tiene nombre propio. La cadena de panaderías artesanales Pan Danés, que supo expandirse con fuerza en la Ciudad de Buenos Aires, entró en concurso preventivo para evitar la quiebra. Cerró locales, acumula deudas y enfrenta un deterioro financiero acelerado. El caso no es aislado. Pero sí es sintomático.

El dato central es contundente: la empresa registró una caída de ventas superior al 50% respecto de su nivel histórico.  Ese derrumbe impactó de lleno en un negocio que depende de la rotación diaria. Sin volumen, no hay margen. Y sin margen, no hay red que aguante.

Pan Danés llegó a operar 25 locales en CABA.  Era una marca asociada a un segmento “premium”: masa madre, sin conservantes, fuerte presencia en barrios de alto consumo. El crecimiento fue rápido. También lo fue el freno. En pocos meses, ese esquema quedó sobredimensionado frente a una demanda en retroceso.

La crisis no fue gradual. La empresa acumuló 56 cheques rechazados por unos $55 millones, un indicador clásico de ruptura de la cadena de pagos.  A eso se sumó la dificultad para sostener capital de trabajo y cumplir con obligaciones corrientes: proveedores, salarios e impuestos.

El ajuste llegó por donde pudo. Cerró locales en puntos concretos de la Ciudad, como Echeverría, Ciudad de la Paz y Cuenca.  No fue una reconfiguración estratégica. Fue una retirada. Reducir estructura para ganar aire.

El problema de fondo es más amplio. El consumo se desplomó en todo el sector. Según datos que surgen del propio expediente y del relevamiento sectorial, el consumo de pan cayó hasta 55% en los últimos dos años, mientras que productos de mayor valor agregado, como facturas y pastelería, registraron caídas de hasta 80% o 85%.  El golpe pega más fuerte justamente en el segmento donde jugaba Pan Danés.

A eso se suma el costo. Energía, insumos, alquileres y salarios subieron en paralelo a la inflación. Pero el precio final no siempre puede acompañar. El resultado es una compresión de márgenes que deja a muchas empresas operando al límite.

La propia compañía lo admite en su presentación judicial. Habla de “incertidumbre, recesión e incremento significativo de costos” como factores que explican el deterioro.  También reconoce la falta de acceso a financiamiento como un punto crítico. Sin crédito, cualquier caída de ventas se vuelve más peligrosa.

El modelo de negocio, que había sido una fortaleza, se volvió un problema. Producción centralizada, estructura para abastecer hasta 50 locales y una expansión pensada para un mercado en crecimiento.  Cuando la demanda se frenó, esa escala jugó en contra.

Un empresario del rubro lo resume en off: “El problema no es vender menos. Es haber armado costos para vender mucho más”. La frase explica buena parte del fenómeno.

El concurso preventivo abre ahora una etapa de negociación con acreedores. El objetivo es evitar la quiebra. Pero el resultado es incierto. Todo dependerá de si la empresa logra reordenar su estructura y sostener los locales que siguen abiertos.

El caso Pan Danés funciona como señal. No es solo una panadería. Es una radiografía del consumo. Un sector que creció al calor de una demanda dinámica y que ahora enfrenta un cambio brusco de escenario.

El pan sigue siendo básico. Pero no todo el pan se vende igual. Y cuando el bolsillo aprieta, lo “artesanal premium” deja de ser prioridad. Ahí es donde el modelo empieza a crujir. Y donde algunas marcas, incluso las más visibles, quedan al borde del horno apagado.

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