Filtraciones, citaciones incómodas y causas que se caen. El ministro de Justicia acumula reveses y en tribunales se habla de algo más que mala suerte.
Arrancó como una seguidilla incómoda y ya parece un patrón. Desde que asumió, el ministro de Justicia Juan Bautista Mahiques no logra encadenar una buena. Fallo tras fallo, expediente tras expediente, se le acumulan reveses que en Comodoro Py ya no se leen como casualidad sino como síntoma.
En tribunales lo dicen en voz baja, pero cada vez con menos pudor: la racha de Mahiques expone una interna que nunca se terminó de ordenar. Y cada resolución adversa funciona como una especie de radiografía de ese conflicto.
El primer golpe fue la filtración del caso Libra. Un expediente sensible que debía manejarse con discreción terminó expuesto antes de tiempo. El ruido fue inmediato. En el ecosistema judicial, donde la información es poder, perder el control de una causa es más que un traspié. Es una señal de debilidad.
Después vino la causa Manuel Adorni que avanza sin pruritos. L]os movimientos no cayeron bien en el oficialismo y dejaron a Mahiques en una posición incómoda.
La reforma laboral fue otro capítulo. La avanzada judicial encontró límites y terminó chocando contra decisiones que desarmaron el impulso inicial. Lo que parecía una jugada alineada con el clima político terminó diluyéndose en los tribunales.
Algo similar ocurrió con el financiamiento universitario. Otro expediente de alto voltaje político.
El sobreseimiento de Ricardo Quintela sumó otro revés. Una causa que tenía peso político terminó cerrándose sin consecuencias para el gobernador riojano. En el mundillo judicial, ese tipo de resoluciones no pasan desapercibidas. Se leen, se interpretan y se archivan en la memoria de la interna.
El caso de Eva Mieri completó la secuencia. Otro expediente que no avanzó en la dirección esperada y que volvió a dejar a Mahiques en el centro de las miradas. No por lo que hizo, sino por lo que no logra sostener.
Un funcionario judicial que sigue de cerca estos movimientos lo resumió con crudeza: “Acá nadie pierde tantas seguidas por casualidad”. El comentario circula en pasillos y despachos. Nadie lo firma, pero muchos lo repiten.
La cuestión de fondo no es solo jurídica. Es política. Cada fallo adverso reordena fuerzas dentro de Comodoro Py. Marca quién empuja y quién resiste. Y en ese tablero, Mahiques aparece, por ahora, más como un jugador condicionado que como un articulador.
Mientras tanto, la acumulación de reveses empieza a erosionar algo más que la imagen del ministro. Pone en evidencia que la coordinación entre el poder político y el judicial está lejos de ser lineal. Y que, aun con viento a favor en otros frentes, hay terrenos donde el control no es total.
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