El juez acelera su posicionamiento. Movimiento fino, contactos transversales y una candidatura que ya no se disimula.
No lo dice en público. Pero en Comodoro Py lo repiten como un dato: Mariano Borinsky quiere llegar a la Corte Suprema. No como una aspiración lejana, sino como un objetivo concreto. Y en ese camino, empezó a moverse.
El contexto ayuda. La Corte funciona con una integración reducida. Tres miembros, tensiones internas y un oficialismo que todavía no logra ordenar una propuesta sólida para cubrir vacantes o ampliar el tribunal. Ese vacío abre una ventana. Y Borinsky la está leyendo.
juez de la Cámara Federal de Casación Penal no aparece en la superficie del debate público, pero sí en el radar de la política. Su nombre circula. No de forma estridente. Pero circula.
Si bien Borinsky firmó la sentencia contra Cristina Fernadez, su capacidad de diálogo es transversal. Supo construir vínculos con distintos gobiernos. Desde el macrismo hasta sectores del peronismo. Desde su entorno garantizan contar con el respaldo de senadores justicialistas.
Su trayectoria también suma volumen. Es juez de Casación, el máximo tribunal penal antes de la Corte. Pasó por causas sensibles. Tiene perfil técnico. Y, sobre todo, conoce los tiempos del poder judicial. No es un outsider. Es alguien que entiende cómo se llega.




