Fue en Costanera Norte. La tragedia que dejó una decena de heridos reavivó el recuerdo de Beara, el caso que desnudó los vínculos de poder que ocultan las noches porteñas.
Lo que empezó como una madrugada más en la noche porteña terminó en una evacuación masiva y un operativo de emergencia sobre la Costanera Norte. Parte de la estructura del escenario del boliche Archie se desplomó durante un evento electrónico y dejó al menos nueve heridos leves y unas 700 personas evacuadas en medio del pánico.
El derrumbe ocurrió cerca de las cinco de la mañana, cuando una torre metálica con iluminación y equipos de sonido cayó sobre un sector lateral del salón, detrás de la cabina del DJ. Testigos contaron que primero se escuchó un ruido seco y después una corrida generalizada mientras la música seguía sonando unos segundos más, hasta que se encendieron las luces y comenzó la evacuación.
El SAME desplegó un operativo con múltiples ambulancias y trasladó a varios asistentes a hospitales porteños por traumatismos y golpes. No hubo víctimas graves, pero la escena volvió a encender las alarmas sobre las condiciones de seguridad en los boliches de la zona ribereña.
Bomberos y Policía de la Ciudad clausuraron preventivamente el local mientras la fiscalía inició actuaciones para determinar responsabilidades técnicas y administrativas. Las primeras pericias apuntan a una estructura montada especialmente para el evento y no a un colapso edilicio general.
Sin embargo, el episodio empezó rápidamente a tener derivaciones políticas. En despachos porteños comenzó a circular una versión que agrega otra dimensión al caso.
“Dicen que el boliche está ligado al Tano”, deslizó a este medio una fuente del sector gastronómico nocturno, en referencia a Daniel Angelici, empresario del juego y ex presidente de Boca Juniors, con histórico peso en la política y la justicia porteña.
Otra fuente vinculada al negocio nocturno fue más directa: “En la Costanera nadie entra sin socios fuertes. Y ese lugar siempre se comentó que respondía al esquema de Angelici”. Ninguna de esas versiones fue confirmada oficialmente, pero el dato empezó a repetirse en ámbitos empresariales y políticos.
La mención no es menor. Angelici mantiene desde hace años presencia indirecta en distintos emprendimientos gastronómicos y de entretenimiento de la Ciudad, por lo que el accidente dejó de ser solo un problema técnico y pasó a observarse también bajo la lupa de las habilitaciones y controles.
“Ahora todos van a mirar quién inspeccionó, quién firmó y quién miró para otro lado”, resumió un funcionario porteño que sigue de cerca el expediente.
Mientras avanzan las pericias, el derrumbe volvió a exponer una tensión recurrente en la noche porteña: la distancia entre la normativa formal y el funcionamiento real de un negocio donde conviven entretenimiento, permisos administrativos y nombres con peso propio en la política local




