Agenda dura, control televisivo y diputados con mordaza. La Casa Rosada afina el mensaje presidencial para abrir el año legislativo el próximo domingo.
El Gobierno terminó de definir los detalles formales del discurso que Javier Milei dará el próximo domingo por la noche en la apertura de sesiones ordinarias. La Casa Rosada trabaja sobre una premisa central: controlar cada imagen, cada plano y cada mensaje político de una Asamblea Legislativa que el Presidente buscará convertir en el relanzamiento de su gestión.
La escena estará cuidadosamente diseñada. Milei volverá a usar el mismo atril del año pasado, ubicado en el recinto de Diputados y orientado de frente a los legisladores. Desde allí hablará con el estrado a sus espaldas, donde se sentarán el presidente de la Cámara baja, Martín Menem, autoridades parlamentarias y la vicepresidenta Victoria Villarruel.
No es un detalle menor. Según fuentes de la organización, la transmisión televisiva volverá a ser el punto más sensible del operativo político. El objetivo es repetir el esquema del año pasado: planos cerrados sobre el Presidente y mínima exposición de la titular del Senado. En la Casa Rosada recuerdan como antecedente la Asamblea de 2025, cuando la realización oficial prácticamente eliminó a Villarruel de pantalla durante más de una hora. “Se va a cuidar exactamente lo mismo”, admitió un técnico involucrado en la logística.
La narrativa: balance y segunda fase
El discurso todavía se escribe en estas horas finales. El círculo presidencial trabaja sobre una línea argumental clara: cerrar la etapa del ajuste y abrir la fase de reformas estructurales.
Quienes participan de la redacción anticipan que Milei hará un repaso político de sus primeros dos años, agradecerá el “esfuerzo social” y planteará que comienza a verse “la luz al final del túnel”. La intención es instalar la idea de que el Gobierno entra en una segunda generación reformista.
En ese paquete aparecerán anuncios legislativos concretos: reforma del Código Penal, cambios tributarios, reestructuración del financiamiento universitario, envío de nuevos pliegos judiciales y una reforma electoral. “La idea es imponer agenda todo el tiempo”, sintetizan cerca del Presidente.
Hay, sin embargo, un tema ausente: la reforma previsional. En el entorno presidencial admiten que quedó descartada al menos hasta que la economía muestre crecimiento sostenido y caiga la informalidad laboral. “Hoy es inviable”, reconocen.
Diputados en silencio
La previa del discurso también dejó otra definición política puertas adentro del oficialismo: silencio absoluto para la tropa legislativa.
Tras varios episodios internos que generaron ruido político, la conducción libertaria ordenó que ninguno de los 95 diputados ni los 21 senadores oficialistas hablen públicamente sobre proyectos sensibles sin autorización previa. La decisión se reforzó después del triunfo electoral de octubre y responde a una preocupación central: evitar errores propios.
En Casa Rosada admiten que no habrá entrenamiento comunicacional masivo. La lógica es otra. “Son soldados. Están para votar”, resumió un integrante del gabinete.
Por eso, durante la última semana los voceros elegidos para defender las reformas no fueron libertarios puros sino dirigentes provenientes del PRO, considerados más experimentados frente a la prensa. El recuerdo que todavía incomoda en Balcarce 50 es el episodio protagonizado por Federico Sturzenegger, quien elogió públicamente un régimen de licencias que debió ser retirado horas después, generando turbulencia política innecesaria.
El mensaje detrás del mensaje
La apertura del Congreso no será solo un discurso institucional. En el Gobierno la definen como una instancia de reafirmación presidencial: control escénico, centralización política y una agenda legislativa diseñada para marcar el ritmo del año.
El objetivo es claro: que la Asamblea Legislativa funcione menos como una ceremonia republicana y más como el lanzamiento formal de la nueva etapa del mileísmo.







