En medio de tarifas, subsidios y exportaciones, se abre una pregunta más profunda: qué lugar ocupa la energía en el desarrollo económico. El curso de la UBA propone salir de la coyuntura y volver a pensar el sector como política estratégica.
En la Argentina la energía suele aparecer cuando falta. Cuando suben las tarifas, cuando hay cortes, cuando el gas no alcanza o cuando Vaca Muerta promete salvar la balanza externa. Pero casi nunca se discute lo esencial: qué lugar ocupa la energía en el modelo económico. Esa discusión, más incómoda que técnica, es la que busca abrir el Programa de Actualización en Energía y Desarrollo Económico que lanza la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.
La propuesta llega en un momento particular. El sector energético volvió a convertirse en una pieza decisiva del tablero económico, pero el debate público sigue atrapado entre la urgencia y la consigna. Mientras el mundo redefine su matriz productiva bajo la bandera de la transición energética, Argentina sigue oscilando entre la escasez y la abundancia, entre el recurso disponible y la dificultad para transformarlo en desarrollo sostenido.
El programa plantea correrse de la mirada fragmentada. No se trata sólo de entender cómo funciona el mercado eléctrico o qué pasa con los hidrocarburos, sino de comprender cómo la energía organiza la economía: define costos industriales, condiciona inversiones y delimita qué sectores pueden crecer y cuáles quedan afuera. En otras palabras, la energía como política económica.
El curso se dictará entre abril y agosto de 2026, en modalidad virtual, y propone un recorrido que combina historia del sector, regulaciones, estructura industrial y escenarios globales. La idea es volver a conectar piezas que en la discusión cotidiana aparecen separadas: energía, producción y desarrollo.
La coordinación académica está a cargo de Federico Basualdo y el equipo docente reúne especialistas con trayectoria en análisis económico y energético. El enfoque apunta a formar una mirada capaz de salir del corto plazo, algo escaso en un sector donde cada decisión impacta durante décadas.
En tiempos donde la energía suele reducirse a un número en la factura o a una promesa de exportación, la apuesta es otra: recuperar la discusión estratégica. Porque, al final, la pregunta sigue siendo la misma desde hace décadas y todavía no tiene respuesta definitiva: para qué se produce energía y quién se beneficia cuando el sistema finalmente funciona.
Las clases serán los martes y jueves de 18.30 a 20.30. La inscripción ya está abierta y los cupos son limitados. La invitación, más que académica, es política en el sentido más amplio del término: volver a pensar cómo se enciende —y para quién— el motor de la economía.







