El cruce entre cultura, negocios y política volvió a quedar expuesto esta semana a partir de las declaraciones de Diego Finkelstein, dueño del Lollapalooza Argentina, quien se pronunció públicamente a favor de las políticas del presidente Javier Milei durante una entrevista concedida a Forbes.
Finkelstein justificó su respaldo con un diagnóstico económico que apunta directamente a las restricciones vigentes en los años previos. “Era inentendible para cualquier artista o agente decirles que se vendieron las entradas pero no se les podía pagar”, afirmó, en referencia a los controles cambiarios y las limitaciones para girar divisas al exterior, un problema recurrente para la industria de los grandes espectáculos internacionales.
El empresario sostuvo que ese esquema hacía prácticamente inviable la operación normal de eventos de escala global, donde los contratos con artistas, productoras y proveedores se pactan en dólares y con reglas financieras claras. En ese contexto, planteó que el cambio de rumbo económico era una condición necesaria para sostener y ampliar la oferta cultural internacional en el país.
Además del diagnóstico sectorial, Finkelstein introdujo una lectura política. Según expresó, el respaldo electoral al actual presidente permitió avanzar con “cambios necesarios” para que la Argentina “crezca, evolucione y se integre al mundo”. La frase sintetiza una visión compartida por buena parte del empresariado vinculado al entretenimiento, el turismo y la economía de eventos, sectores especialmente sensibles a la macroeconomía y al acceso a divisas.
Las declaraciones no pasaron desapercibidas. Lollapalooza es uno de los eventos culturales más masivos del país y su titular no suele intervenir de manera explícita en el debate político. Por eso, el posicionamiento reaviva la discusión sobre el alineamiento de actores culturales con el nuevo ciclo económico y sobre el impacto concreto de las reformas en industrias que dependen de reglas financieras previsibles.
En un escenario de ajuste, liberalización y fuerte debate social, la voz de uno de los principales organizadores de espectáculos internacionales suma un dato más al mapa de apoyos empresariales al rumbo económico del gobierno. Y confirma que, incluso en el mundo de la música y los festivales, la política económica volvió a colarse en el centro de la escena.







