domingo, 15 febrero 2026

Destrozos en el Congreso: tensión entre Stornelli y Servini

La causa por los destrozos en los alrededores del Congreso mientras se debatía la Ley de Bases, dejó en evidencia la tención entre el fiscal Carlos Stornelli y la jueza María Servini, quienes pretenden avanzar en el caso de dos maneras diferentes. En paralelo, el Ministerio Público de la Defensa de la Ciudad de Buenos Aires solicitó el cese inmediato de las detenciones de las 10 personas que están bajo su patrocinio.

Stornelli emitió un dictamen con el pedido de múltiples imputaciones por cometer graves delitos contra el orden público, sedición y el agravante de acciones terroristas, por lo que solicitó la prisión preventiva de los 35 detenidos por los incidentes.

El fiscal habló de acciones “en algún caso bajo posible forma organizada, tendiente a incitar a la violencia colectiva en contra de las instituciones, a imponer sus ideas o combatir las ajenas por la fuerza o el temor, infundiendo un temor público y suscitando tumultos o desórdenes, a la vez de erigirse en un posible alzamiento en contra del orden constitucional y la vía democrática, con el propósito de perturbar y/o impedir, aunque sea temporalmente, el libre ejercicio de las facultades constitucionales de los representantes de la Cámara Alta del Congreso”.

Mientras el fiscal pretende que los acusados permanezcan detenidos durante el fin de semana, Servini quiere analizar caso por caso y en las próximas horas llevará a cabo las indagatorias correspondientes.

Las causas por las que se los acusa son: instar la violencia colectiva en contra de las instituciones infundiendo temor público; alzarse en contra del orden constitucional con el propósito de perturbar y/o impedir el libre ejercicio de las facultades constitucionales de los representantes de la Cámara alta del Congreso; daños, incendios y estragos dolosos; en algunos casos, la tenencia de material explosivo y/o incendiario; alteración del orden público.

Quiénes son los detenidos por los destrozos en el Congreso

Los primeros 10 detenidos fueron Nora Longo, Belen Yanina Ocampo, Mía Pilar Ocampo, Ramón Remigio Ocampo, Matías Lionel Ramírez, Roberto Maria de la Cruz Gómez, Facundo Gómez, Santiago Lautaro Adano,Brian Ortiz y Gabriel Famulari.

Luego, se sumaron Daniel Sica, Martín Dirroco, Mateo Dettore, Germán Moyano, Gonzalo Duró, Juan Espinetto, Julia Oliva, Sofia Ottogali, Nicolás Mayorga, Sasha Lyardej, Héctor Mallea, Fernando Leone, Cristian Ferreira, Cristian Valiente, Patricia Calarco Arredondo, Juan Colombo, María de la Paz Cerruti, Ramón Méndez Palacios, Luis De la Vega, Diego Iturburu, Ricardo Shariff, Lucía Puglia y Ramona Tocaba.

Compartir

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Te puede interesar
TAMBIÉN

El servicio de limpieza de Salto Grande y la trama que conecta a Reidel, el PRO y una empresa que se repite

La misma estructura empresaria señalada en la polémica por contrataciones en Nucleoeléctrica aparece como proveedora en la represa binacional. Detrás del servicio de limpieza, una red de sociedades, vínculos políticos y contratos que vuelven a cruzar energía, negocios y poder

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa política del gobierno

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa chica que cuidó la reforma laboral En la política argentina siempre hay un personaje que no sale en las fotos pero aparece en todas las decisiones. En el Gobierno de Javier Milei, ese lugar lo ocupa Ignacio Devitt. Secretario de Asuntos Estratégicos, nombre técnico para una función política muy concreta: ordenar, monitorear y asegurarse de que las cosas sucedan sin ruido. Mientras otros discutían en público, él contaba votos en privado. Devitt es, probablemente, el menos conocido de la mesa política que siguió de cerca la aprobación de la reforma laboral. Una mesa heterogénea, donde conviven estilos y roles muy distintos. Karina Milei como vértice del poder real, obsesiva del control político. Manuel Adorni como vocero y escudo mediático. Martín y “Lule” Menem como operadores parlamentarios con oficio heredado. Y, detrás de todos ellos, Devitt, el funcionario que aparece cuando hay que cerrar. En un gobierno donde la visibilidad suele ser sinónimo de influencia, Devitt construyó exactamente lo contrario. Su capital político es la discreción. No polemiza, no filtra, no declara. En la Casa Rosada lo describen como un organizador. Alguien que traduce decisiones políticas en secuencias operativas. Quién llama a quién. Cuándo se negocia. Cuándo se espera. Y, sobre todo, cuándo no hablar. La reforma laboral fue su primera gran prueba. No por el contenido del proyecto, sino por la ingeniería política necesaria para que avanzara en un Congreso fragmentado y con aliados inestables. Mientras Adorni explicaba el rumbo en conferencias y los Menem tejían acuerdos legislativos, Devitt seguía el minuto a minuto del tablero. Su tarea era evitar sorpresas. En un oficialismo con pocos votos propios, eso equivale a evitar accidentes. En ese esquema, el secretario de Asuntos Estratégicos cumple un rol que en otros gobiernos ocupaban jefes de Gabinete o ministros políticos. Pero con una diferencia: sin estructura propia ni exposición pública. Su poder no surge del cargo sino de la confianza directa del círculo más cerrado del Gobierno, especialmente de Karina Milei, que privilegia perfiles ejecutivos antes que figuras con vuelo propio. El resultado es un funcionario difícil de encasillar. No viene del armado territorial ni del mundo mediático. Tampoco del sindicalismo o la rosca clásica. Su perfil encaja mejor en la lógica empresarial que Milei intenta trasladar al Estado: menos discurso, más ejecución. En la práctica, alguien que verifica que las órdenes se cumplan. En los pasillos del Congreso lo describen con una mezcla de curiosidad y alivio. Curiosidad porque pocos lo conocen realmente. Alivio porque, a diferencia de otros interlocutores del oficialismo, no suele sobreactuar posiciones ideológicas. Escucha, toma nota y vuelve con respuestas. En tiempos de política performática, ese estilo casi administrativo resulta exótico. La paradoja es que cuanto menos aparece, más crece su influencia. La aprobación de la reforma laboral consolidó una mesa política donde cada uno cumple un rol preciso: Karina decide, Adorni comunica, los Menem negocian y Devitt ordena. Un reparto de funciones que explica, en parte, cómo un gobierno sin mayoría propia logró avanzar con una de sus reformas más sensibles. En la Casa Rosada lo resumen con una frase simple: cuando el tema es delicado, aparece Devitt. Y cuando aparece Devitt, es porque alguien ya hizo las cuentas.

Radicales en modo doble discurso: rechazo mediático, voto afirmativo en el recinto

El bloque radical había marcado diferencias con la eliminación del régimen vinculado al estatuto del periodista, pero en el recinto acompañó el proyecto. El giro dejó expuesta la tensión entre el discurso público y la estrategia parlamentaria.