Grupo México desistió después de cuestionar las condiciones de la licitación. La salida despeja el camino para Bunge, Cargill, AGD, ACA y Louis Dreyfus, que buscan controlar una pieza estratégica del transporte de granos.
Las grandes cerealeras quedaron mejor posicionadas para quedarse con el negocio del Belgrano Cargas. Grupo México, el gigante ferroviario del multimillonario Germán Larrea Mota, decidió retirarse de la licitación impulsada por Javier Milei. Su salida deja el camino despejado para las exportadoras que concentran buena parte del comercio de granos en la Argentina.
La decisión representa un triunfo para los intereses de las cerealeras, aunque todavía resta conocer las ofertas. El grupo mexicano era el único competidor internacional que había manifestado interés en la privatización y contaba con experiencia ferroviaria y capacidad financiera para disputar el negocio.
La compañía desistió de presentar una propuesta por diferencias con los pliegos elaborados por el Gobierno. La retirada fue posteriormente confirmada por la empresa, de acuerdo con El Cronista.
El conflicto no era menor. Los mexicanos pretendían acceder a los beneficios del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) antes de formalizar su oferta. También cuestionaban el esquema diseñado por el Ministerio de Economía, que fragmenta la privatización entre vías, material rodante y talleres.
Grupo México había evaluado un programa de inversiones de 3.000 millones de dólares durante cinco años. El proyecto contemplaba incorporar locomotoras, modernizar la infraestructura y aumentar la capacidad de transporte de productos agrícolas y minerales.
Sin embargo, el Gobierno mantuvo las condiciones de la licitación y el gigante mexicano resolvió abandonar la competencia. La apertura de sobres está prevista para el 11 de noviembre, por lo que la retirada se produjo apenas tres semanas antes de una instancia decisiva.
Los principales beneficiados por este movimiento son Bunge, Cargill, Aceitera General Deheza, la Asociación de Cooperativas Argentinas y Louis Dreyfus, que habían manifestado interés en participar del proceso. Se trata de algunos de los actores más importantes del complejo agroexportador, que ahora enfrentan un escenario con menos competencia.
El negocio excede ampliamente la explotación ferroviaria. Para las cerealeras, controlar el transporte de cargas significa avanzar sobre otro eslabón de la cadena que conecta la producción agropecuaria con los puertos de exportación. El costo del flete, la disponibilidad de vagones y la frecuencia de los servicios son variables decisivas para la rentabilidad del sector.
En ese sentido, el Belgrano Cargas constituye un activo estratégico. La empresa opera las líneas Belgrano, San Martín y Urquiza, con una red de 7.594 kilómetros que atraviesa 16 provincias. Sus recorridos conectan regiones productivas del interior con los principales corredores comerciales del país.
La privatización también abre una discusión sobre la concentración económica. Las mismas compañías que compran, almacenan, procesan y exportan buena parte de los granos argentinos podrían adquirir una influencia determinante sobre la infraestructura utilizada para transportarlos.
El esquema oficial contempla un sistema de acceso abierto, que en teoría permitiría circular a diferentes operadores mediante el pago de peajes. Sin embargo, esa modalidad no elimina por sí sola los riesgos de integración vertical cuando los principales usuarios del servicio participan del negocio ferroviario.
La operación incluye concesiones de largo plazo y la separación de los activos de la compañía estatal. El Gobierno pretende transferir la administración de las vías y los talleres, además de vender el material rodante. Las concesiones ferroviarias están previstas por 50 años.
Luis Caputo defendió el proceso con el argumento de que la gestión privada permitirá recuperar inversiones y mejorar la competitividad exportadora. También anunció que quienes comprometan al menos 200 millones de dólares para renovar vías podrán acceder a los beneficios del RIGI.
Pero la salida de Grupo México introduce una contradicción incómoda para el discurso oficial. Una privatización presentada como una oportunidad para atraer grandes inversiones internacionales perdió a su principal interesado extranjero antes de que se abrieran los sobres.
La retirada tampoco garantiza que las cerealeras terminen adjudicándose las concesiones. Todavía deberán presentar ofertas, cumplir las condiciones establecidas y competir con otros eventuales interesados.
Por ahora, el resultado político y empresarial es evidente: las exportadoras quedaron fortalecidas en la disputa por una infraestructura fundamental para sus propios negocios.
La paradoja es que el Gobierno promete introducir competencia mediante la privatización, pero la primera consecuencia concreta fue la salida del competidor extranjero. Y quienes quedaron mejor parados son precisamente los gigantes que ya dominan el comercio de granos.







