Con movimientos en la Ciudad y a nivel nacional, oficialismo, PRO, peronismos y outsiders empiezan a posicionarse en un escenario que huele a campaña electoral
Todavía no hay calendario, ni listas, ni anuncios formales. Pero el clima ya cambió. La campaña electoral empezó antes de tiempo, sin decir su nombre. Se siente en los movimientos, en los actos, en los reposicionamientos. En la Ciudad y en la Nación. Un desfile de nombres que ya no disimulan.
En la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta volvió a escena con un corrimiento calculado. Se despega del PRO más duro y ensaya un perfil más amplio, con tonos progresistas, buscando captar a ese votante porteño desencantado que no termina de sentirse cómodo ni con el macrismo ni con el kirchnerismo. La apuesta es clara: construir desde el centro, incluso con guiños a sectores del kirchnerismo suelto que sobreviven en la Ciudad sin estructura.
Del lado libertario, el panorama es más desordenado. La Ciudad se transformó en un territorio en disputa dentro del propio oficialismo. Patricia Bullrich juega su propio partido, con volumen y ambición. Pilar Ramírez expresa el armado del karinismo, con anclaje político y territorial. Y Manuel Adorni, que parecía una figura consolidada, envuelto en una serie de escándalos expone que la interna no es silenciosa, es abierta.
En paralelo, el peronismo empieza a moverse en un terreno que históricamente le fue adverso. Axel Kicillof desembarcó en la Ciudad con un acto propio y una consigna que apunta a construir algo más grande que una candidatura local. No fue un gesto aislado: fue el inicio de una proyección nacional que busca disputar liderazgo dentro del peronismo y ampliar su base más allá del conurbano.
A nivel nacional, Mauricio Macri también se puso en modo candidato. Su reciente convocatoria del PRO funcionó como una señal política: no se retira, vuelve a ordenar. Y empieza a explorar una fórmula con volumen federal, donde el nombre de Juan Schiaretti aparece como socio posible, incluso como vice, en un intento de sumar al peronismo no kirchnerista.
Ese mismo espacio, de hecho, también empieza a tomar forma por otra vía. Gobernadores como Sergio Uñac y Gustavo Valdés tantean una construcción propia, por fuera del kirchnerismo y con una identidad más moderada, con eje en la gestión y en el federalismo.
El tablero todavía no está cerrado. Pero el clima ya es otro. Los nombres circulan.
Las internas se exponen. Las alianzas se prueban. La campaña no empezó oficialmente. Pero ya está en marcha.
A ese clima se suma un fenómeno lateral que empieza a ser leído en clave política. La figura de Dante Gebel, con fuerte llegada a sectores medios urbanos y un discurso que combina valores, liderazgo y comunidad, empieza a aparecer en conversaciones que exceden lo religioso. No hay candidatura ni estructura, pero sí algo que en política siempre importa: audiencia, identificación y capacidad de interpelación. En un escenario fragmentado, incluso esas figuras empiezan a pesar.




