El frente impulsado por Miguel Ángel Pichetto y dirigentes históricos reabrió el debate interno del peronismo. Mientras la conducción habla de unidad, militantes sindicales, sociales y cuadros jóvenes ironizan: sin renovación generacional, advierten, no hay síntesis posible
La escena sorprendió incluso dentro del propio peronismo. El lanzamiento de un nuevo espacio político impulsado por Miguel Ángel Pichetto junto a Guillermo Moreno y otros dirigentes históricos del movimiento justicialista, buscó instalar la idea de una reunificación amplia del peronismo. Poco después, la reunión con Cristina Fernández de Kirchner terminó de darle volumen político a la movida.
Pero lejos del entusiasmo dirigencial, en las bases del peronismo la reacción fue otra: risa, ironía y escepticismo.
Referentes juveniles sindicales, militantes territoriales y cuadros políticos del interior coinciden en un diagnóstico incómodo para la vieja guardia: la unidad no puede construirse repitiendo nombres que llevan décadas ocupando el centro de la escena. “Nos hablan de renovación y vemos la misma foto de siempre”, resumió un dirigente joven del conurbano.
El armado también incluyó figuras asociadas al peronismo tradicional lo que reforzó la sensación generacional dentro de distintos campamentos del movimiento. En agrupaciones universitarias, organizaciones sociales y sectores sindicales emergentes empezó a circular una frase que sintetiza el clima interno: sin renovación no hay unidad.
El malestar no apunta únicamente a los nombres sino a la lógica política. Las nuevas camadas del peronismo sostienen que la discusión real no es cerrar filas entre dirigentes sino redefinir liderazgo, agenda económica y representación social después de la derrota electoral y del cambio de época que atraviesa la política argentina.
En varias provincias,cuadros intermedios observan con cautela estos intentos de reunificación. Temen que una unidad construida exclusivamente desde arriba termine consolidando una estructura defensiva, incapaz de disputar el futuro político.
La paradoja es evidente: mientras la dirigencia busca reconstruir volumen apelando a figuras conocidas, las bases reclaman algo distinto. No piden ruptura ni anti-kirchnerismo ni anti-peronismo. Piden recambio.
Porque, como repiten cada vez con menos diplomacia dentro del propio movimiento, la discusión ya no es si el peronismo debe unirse. La pregunta es quién representa realmente lo nuevo.




