La confesión pública del CEO de Newsan reavivó el debate sobre el modelo industrial argentino.
La discusión sobre el modelo económico argentino encontró un símbolo inesperado en una frase brutalmente directa. Roberto Méndez, CEO de Neumen, reconoció en una entrevista radial que durante años los empresarios del sector del neumático obtuvieron ganancias extraordinarias gracias al esquema de protección comercial.
“Los empresarios robábamos con los precios de las cubiertas”, afirmó en el programa Maxi Mediodía, en una declaración que rápidamente circuló en redes sociales y medios económicos. Lejos de matizar, Méndez reforzó la idea: “Nunca ganamos tanta plata como cuando nos permitieron hacer lo que estábamos haciendo”.
La frase cayó en un terreno político fértil. El presidente Javier Milei reposteo el video acompañado por un mensaje del influencer libertario Daniel Parisini, conocido como “Gordo Dan”, quien sostuvo que el proteccionismo implica “un robo de unos pocos a toda la población cautiva”.
El episodio condensó en pocos segundos una discusión económica que atraviesa décadas: el rol de la protección industrial en Argentina. Durante años, el sector del neumático operó con altos aranceles a la importación, licencias no automáticas y restricciones externas que limitaron la competencia extranjera. Ese esquema buscaba preservar empleo y producción local, pero también generó precios internos muy por encima de los valores internacionales.
La confesión empresarial llegó en un momento político particular. El Gobierno libertario intenta construir legitimidad social para su apertura económica mostrando ejemplos concretos de distorsiones heredadas. En esa narrativa oficial, los precios elevados no eran consecuencia de fallas del mercado sino precisamente del exceso de regulación estatal.
En el mercado automotor y logístico, las cubiertas se convirtieron durante años en un caso testigo. Transportistas, empresas y consumidores denunciaban valores hasta tres veces superiores respecto de países vecinos. Las tensiones alcanzaron su punto máximo durante los conflictos sindicales de 2022, cuando faltantes y aumentos acelerados expusieron la fragilidad del sistema.
La difusión presidencial del video no fue casual. Milei viene sosteniendo que buena parte del empresariado argentino se acostumbró a operar bajo esquemas de rentabilidad garantizada por barreras comerciales. El mensaje apunta tanto hacia la opinión pública como hacia el propio sector privado: la nueva etapa económica implicaría competir sin protección.
Sin embargo, la polémica también abrió otra discusión menos visible. Economistas industriales señalan que el régimen proteccionista no solo generó rentas empresarias, sino que también fue la base de empleo formal, integración productiva y desarrollo tecnológico local. La pregunta de fondo es si la eliminación abrupta de esas defensas puede provocar ahora el efecto inverso: caída de producción antes que baja de precios.
Así, una frase lanzada casi al pasar terminó convirtiéndose en un insumo político de alto voltaje. Entre la autocrítica empresarial y la utilización oficial del mensaje, el debate vuelve al punto histórico de la economía argentina: cuánto del precio que paga la sociedad responde a protección industrial y cuánto a la ausencia de competencia real.
La discusión recién empieza, pero dejó una escena potente: un empresario admitiendo los beneficios del sistema anterior y un presidente usando esa confesión como prueba del cambio de época que intenta imponer. En la Argentina, pocas veces una frase explicó tan rápido una pelea económica de medio siglo.







