El presidente habló de candidaturas, batallas culturales y del precio de habitar la Casa Rosada. Milei Abrió la posibilidad de que sea Karina quién lo suceda.
Javier Milei dejó abierta una puerta que hasta ahora se mantenía entrecerrada: la posibilidad de que su hermana, Karina Milei, sea candidata a presidenta. No lo confirmó, pero tampoco lo negó. Y en política, ese gesto suele decir más que un sí rotundo.
Ante la consulta, el Presidente evitó una definición tajante y eligió explicarse desde su propia experiencia. Recordó que en 2018 le sugirieron no lanzarse a la política porque lo necesitaban en la “batalla cultural”. Con esa referencia, deslizó que los caminos personales no siempre siguen una lógica lineal ni previsible.
“Si es así en mi caso, ¿qué puedo decir del caso de mi hermana?”, planteó Milei, dejando flotando la idea de que las circunstancias —y no los planes cerrados— son las que terminan empujando las decisiones. El argumento, más que una respuesta, funcionó como una señal.
Cuando el periodista insistió, el Presidente fue todavía más elusivo. Dijo que no lo sabe, porque sólo él conoce los elementos que lo llevaron hasta la Casa Rosada. Traducción política: no descarta nada, pero tampoco quiere quedar preso de una definición prematura.
Milei aprovechó además para remarcar el costo del poder. Aclaró que gobernar no es gratis, que estar al frente del Ejecutivo implica sacrificios personales y un desgaste permanente. “Lo hago por la gloria, por el bronce”, dijo, en una frase que mezcla épica, ego y advertencia.
El mensaje, en el fondo, fue doble. Hacia afuera, dejar correr una hipótesis que empieza a circular con más fuerza. Hacia adentro, marcar que el poder no es un paseo y que no cualquiera está dispuesto a pagarlo. Si Karina será o no candidata, sigue siendo una incógnita. Pero el tema, definitivamente, ya entró en agenda.







