jueves, 8 enero 2026

YPF en el espejo japonés

Eficiencia sin despidos, costos mínimos y una ambición global

YPF, productividad y el espejo japonés: eficiencia sin despidos, costos mínimos y una ambición global

El CEO de YPF, Horacio Daniel Marín, eligió una definición incómoda para el debate argentino sobre productividad. “La productividad no es echar gente, es trabajar bien”, afirmó, y marcó una frontera conceptual con una frase que funciona casi como diagnóstico cultural: “En Argentina creemos que productividad es despedir”.

El planteo no es retórico. Marín lo encuadra en una estrategia concreta: hacer las cosas con procesos, con orden industrial y con menor costo por resultado. En otras palabras, cambiar la lógica de funcionamiento antes que ajustar por el lado del empleo. Un mensaje que busca diferenciar a la petrolera de una agenda de eficiencia asociada exclusivamente al recorte.

En ese marco aparece el proyecto Toyota Well, una iniciativa inspirada en la filosofía japonesa de mejora continua que apunta a industrializar la perforación de pozos. El objetivo es estandarizar procesos, reducir tiempos muertos, eliminar sobrecostos y ganar previsibilidad operativa en Vaca Muerta. Menos improvisación, más método.

La apuesta tiene respaldo en números. Según Marín, YPF ya opera con costos de entre 4 y 8 dólares por barril, una cifra que la ubica entre las productoras más competitivas del shale a nivel internacional. Esa estructura de costos es la base sobre la que la compañía proyecta un crecimiento sostenido de la producción sin necesidad de expandir el gasto de manera descontrolada.

Pero el discurso de eficiencia no se agota en la operación diaria. La conducción de YPF mira más lejos: el objetivo declarado es que, hacia 2031, la empresa se ubique entre las 20 principales compañías energéticas del mundo. Una meta ambiciosa que combina escala, productividad y posicionamiento global.

El mensaje tiene varias lecturas. Hacia adentro, ordena a la organización bajo una lógica industrial dura, donde el desempeño se mide en procesos y resultados. Hacia afuera, dialoga con el mercado y con el Gobierno: competitividad sin ajuste salvaje, crecimiento sin épica vacía.

En tiempos donde la palabra “productividad” suele funcionar como sinónimo de recorte, YPF ensaya otra narrativa. Resta saber si el modelo japonés logra consolidarse en la práctica y si la promesa de eficiencia sin despidos resiste el estrés de un ciclo energético cada vez más exigente.

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