El dato surge de un relevamiento del Banco Mundial y contrasta de manera brutal con lo ocurrido en países vecinos.
Mientras buena parte de América Latina muestra señales de recomposición social, Argentina vuelve a quedar del lado equivocado de la historia. Entre 2019 y 2024, la población de clase media cayó 3,6%, ubicando al país entre los peores desempeños de la región, solo por encima de Perú, que registra una contracción aún más severa.
El dato surge de un relevamiento del Banco Mundial y contrasta de manera brutal con lo ocurrido en países vecinos. México lidera el crecimiento de la clase media con un avance del 8%, seguido por Brasil (+7,1%) y Uruguay (+4,3%). La región, en promedio, se mueve hacia arriba. Argentina, hacia abajo.
La caída no es estadística: es social. La contracción de la clase media expresa un proceso de empobrecimiento sostenido, donde hogares que durante años lograron sostener consumo, educación y cierta estabilidad pasan a engrosar sectores vulnerables. No se trata solo de menos ingresos, sino de pérdida de horizonte.
Inflación crónica, salarios que corren de atrás, empleo informal en expansión y deterioro del poder adquisitivo configuran un cóctel que erosiona el núcleo social históricamente más amplio del país. La clase media argentina, durante décadas columna vertebral del modelo social, se convierte en una especie en retroceso.
El contraste regional es clave porque desmonta el argumento de la fatalidad global. No es América Latina la que expulsa clase media: es Argentina la que no logra retenerla. Mientras otros países consolidan crecimiento con políticas de ingresos, empleo y previsibilidad macroeconómica, el caso argentino exhibe inestabilidad permanente y ajustes que recaen, una y otra vez, sobre los mismos sectores.
La destrucción de la clase media no es un daño colateral: es una señal de alarma estructural. Sin ese entramado social, se debilita el consumo, se fragmenta la sociedad y se vuelve más difícil cualquier proyecto de desarrollo sostenido.
El dato del Banco Mundial no es solo un ranking incómodo. Es una advertencia. Argentina ya no discute cómo ampliar su clase media, sino cómo frenar su desaparición. Y esa diferencia marca el límite entre un país que crece y uno que sobrevive.








