Con la economía bajo presión y vencimientos en puerta, en Casa Rosada miran junio y julio como una ventana clave
El 2026 aparece cargado de desafíos para el Gobierno de Javier Milei, pero hay uno que sobresale con fuerza en el calendario del oficialismo: el Mundial de fútbol. Argentina llega como campeona y, como siempre, la pelota promete influir en el ánimo social, más aún en un contexto de escasas satisfacciones económicas.
En la Casa Rosada no es un detalle menor. Junio y julio —pleno desarrollo del torneo— están subrayados. Para entonces, en el Gobierno temen que se haga más visible la destrucción de empleo formal en la industria, producto de la apertura comercial y del atraso cambiario que ahora se busca corregir. A eso se suma la pérdida de poder adquisitivo.
En ese escenario, el Mundial asoma como un posible “escudo”. No resuelve los problemas, pero puede atenuar tensiones.
Pese a la narrativa optimista del Presidente y del equipo económico, el tablero muestra luces amarillas. La actividad económica sigue sin consolidar una recuperación clara y las fuentes de financiamiento para afrontar vencimientos por casi US$20.000 millones en 2026 generan inquietud.
Cabe destacar que el Mundial podría tener también un efecto negativo para el Gobierno, ya que el volumen de viajes de argentinos hacia Estados Unidos, Canadá y México podría impactar de lleno en las reservas del Banco Central, si los consumos se hacen con el dólar oficial.







