El indicador había tocado un mínimo de 560 puntos básicos a principio de año. Sin embargo, ahora alcanzó los 829
Hace casi dos meses, el FMI había celebrado en su último informe el retorno de Argentina a los mercados voluntarios de deuda, como una buena señal del plan económico del Gobierno. Sin embargo, en paralelo a esto el riesgo país, lejos de consolidar una tendencia bajista, superó ampliamente los 800 puntos y coquetea con los 900, lo que genera un clima de tensión y preocupación en los mercados.
Este indicador, que mide la sobretasa que los inversores exigen a un país por prestarle dinero, había logrado un mínimo de 560 puntos básicos a principios de año, un gesto del optimismo inicial por el plan de ajuste de Javier Milei. Ese escenario ahora parece bastante distinto, ya que en las últimas semanas el indice escaló de manera notable, algo que encarece cualquier crédito que quiera tomar el Gobierno.
Hay varios factores que podrían explicar el debilitado la confianza de los inversores. Por un lado, la acumulación de reservas por parte del Banco Central ha dejado bastante que desear. Los mercados desean ver que Argentina genere divisas por mérito propio y no solo por desembolsos de organismos multilaterales. A esto se suma un clima de incertidumbre política, que se agrava por las elecciones legislativas inminentes. Los recientes escándalos de corrupción que involucran a piezas claves del Gobierno también añaden una capa de nerviosismo a los inversores.
La escalada del riesgo país tiene un impacto directo y perjudicial en las tasas de interés a las que Argentina puede acceder para financiarse. Un valor alto en este índice significa que los inversores perciben un mayor riesgo de impago y, en consecuencia, exigen una mayor compensación por ese riesgo. Esta prima se traduce en un costo de endeudamiento más elevado para el Estado.
Además, con el riesgo país por encima de los 800 puntos, se vuelve prácticamente imposible regresar al mercado de capitales para emitir bonos a tasas razonables. Esto obliga al Gobierno a depender de fuentes de financiamiento interno o de organismos multilaterales, limitando su margen de acción y la capacidad de afrontar los próximos vencimientos.