El proyecto de hidrógeno verde en Paysandú abrió un contrapunto curioso entre la Casa Rosada y Entre Ríos. No es una pelea. Tampoco una ruptura. Es más bien un contrapunto entre dos actores que en lo central vienen jugando del mismo lado.
Entre Ríos exige que se cumpla el Estatuto del Río Uruguay, que obliga a notificar y evaluar cualquier obra con posible impacto transfronterizo. La provincia no descarta, incluso, escalar el reclamo a tribunales internacionales si no se respetan esos procedimientos. Es una carta que está sobre la mesa, aunque todavía lejos de jugarse.
Rogelio Frigerio fue el que levantó la voz. Pero lo hizo con cuidado. “Nuestro planteo no es contra la planta ni contra la inversión: es en defensa del desarrollo turístico y productivo de la costa del río Uruguay. Por eso exigimos su relocalización”. La discusión, entonces, no es si se hace o no. Es dónde.
“A diferencia del kirchnerismo, creemos en el sector privado, en la inversión y en la generación de empleo. Queremos más empresas produciendo y creciendo en la región, tanto en Argentina, en Entre Ríos, como en Uruguay”, escribió. La frase marca la cancha: no hay rechazo a la inversión.
Ese matiz se repite en cada intervención oficial. Frigerio incluso apeló a una memoria sensible en la región: “No podemos permitir otra Botnia”. La referencia no es menor. Remite a un conflicto que todavía está presente en la política y en la sociedad entrerriana.
Según pudo reconstruir este medio a partir de fuentes locales, el gobierno provincial ya mantuvo contactos con autoridades uruguayas desde el inicio del proyecto. “Mantuvimos varias reuniones desde el minuto cero para dejar clara nuestra posición”, explicó el propio Frigerio. Y agregó un dato concreto: “Logramos que el estudio de impacto ambiental incluya a Colón y vamos a seguir muy de cerca sus conclusiones”.
Puertas adentro, la preocupación es concreta. Turismo, pesca, calidad del agua. No es un debate abstracto. Es economía real. “Defender los intereses de nuestra provincia es el compromiso que asumimos desde el primer día”, resumió el gobernador.
Del lado de Javier Milei, lo diametralmente opuesto. El Presidente viene sosteniendo una posición crítica hacia el ambientalismo. Y lo planteó en términos provocadores: “La gente dice que vamos a romper el planeta. Y entonces, ¿para qué está el planeta? ¿Para contemplarlo?”. Ahí aparece el contraste. No es un choque frontal. Es una notoria diferencia de enfoque.




