Las ventas de grandes empresas en la Argentina entraron en una pausa incómoda. Carrefour, Burger King y otros procesos abiertos siguen sin cerrarse, pero detrás de la explicación elegante —“diferencias de valuación”— hay un problema más concreto: en algunos casos, el comprador todavía no consiguió toda la plata.
El ejemplo más evidente es el de Carrefour. La cadena francesa activó hace meses el proceso para desprenderse de su negocio local, con más de 700 sucursales y un banco propio. El candidato que quedó mejor posicionado fue Francisco de Narváez, que presentó una oferta cercana a los 1.000 millones de dólares junto al fondo L Catterton. La operación parecía encaminada para firmarse antes de fin de 2025. No pasó.
En el mercado explican que la negociación se enfría porque el esquema financiero todavía no termina de cerrar. A De Narváez le falta completar el fondeo necesario para cerrar la compra, un faltante que distintas fuentes del sector ubican en torno a los 60 millones de dólares. No es una cifra menor en un contexto donde el crédito sigue caro y el consumo masivo no termina de reaccionar.
Ese faltante cambió el ritmo de la operación. Carrefour ya no tiene la urgencia de vender y prefiere esperar mejores condiciones antes que aceptar ajustes de precio. Del otro lado, el comprador necesita tiempo para completar el armado financiero sin sobrepagar un activo cuyo negocio todavía muestra márgenes ajustados. Resultado: negociación abierta, firma postergada.
La discusión no es sólo por los supermercados. Parte central de la valuación pasa por los inmuebles que ocupa la cadena, uno de los activos más atractivos del paquete. Los franceses no quieren desprenderse de esos activos a precios deprimidos, mientras que el grupo comprador busca cerrar la operación sin asumir un riesgo excesivo en un mercado interno todavía frío.
El caso refleja un fenómeno más amplio. Varias multinacionales activaron procesos de venta cuando Argentina era un problema urgente en sus balances. Hoy, con la expectativa de una estabilización macro, la presión bajó. Las casas matrices ya no están desesperadas por salir y los compradores locales enfrentan un límite evidente: el financiamiento.
Algo parecido ocurre con Burger King, donde el interés inicial se fue diluyendo a medida que los números del consumo obligaron a recalcular riesgos. Algunos grupos analizaron la operación y se bajaron. Otros siguen mirando, pero sin apuro.
La conclusión en el mercado es menos sofisticada de lo que sugiere el discurso financiero. Los deals no se caen por falta de interés sino por falta de cierre. Y en el caso Carrefour, el problema es más terrenal: la operación existe, el comprador está, pero la plata todavía no alcanza. Hasta que eso no cambie, la venta seguirá en pausa.







