Su ex mujer, Sandra Arroyo Salgado, afirmó que “nadie fue beneficiado con el crimen” y sostuvo que el gobierno de CFK fue uno de los grandes perjudicados. El caso que sacudió a la Argentina sigue abierto.
A once años de la muerte de Alberto Nisman, el caso que partió a la Argentina en dos sigue sin cerrar. El fiscal que investigaba el atentado a la AMIA y denunciaba un presunto encubrimiento político apareció muerto en su departamento de Puerto Madero y dejó una herida institucional que todavía supura.
En ese aniversario, su ex mujer, Sandra Arroyo Salgado, puso palabras donde suele haber gritos. Sostuvo que “nadie fue beneficiado con el crimen” y lanzó una definición que resuena como una bomba: el gobierno de Cristina Kirchner fue uno de los grandes perjudicados.
Para Arroyo Salgado, el asesinato de Nisman fue “el hecho de mayor gravedad institucional desde el retorno de la democracia”. Un magnicidio que no ordenó el tablero político, sino que lo dinamitó, erosionando la confianza pública y dejando una marca indeleble en la Justicia y en la política.
“Este crimen nos unió a muchos argentinos que pudieron decir: esto no es lo que queremos”, afirmó. Once años después, el caso Nisman sigue siendo eso: una pregunta abierta, un trauma colectivo y una cuenta que la democracia todavía no pudo saldar.







