lunes, 16 febrero 2026

¿Cuanto quiere cobrar un argentino promedio?

Así lo indica un relevamiento de Bumeran, que revela que el salario pretendido promedio superó a la inflación en el primer semestre de 2025. El dato podría reflejar la creciente necesidad de recuperar lo perdido durante el año pasado

Según un informe de Bumeran, una de las principales bolsas de trabajo del país, el salario pretendido promedio escaló a los $1.598.091 pesos mensuales en junio, un 0,57% más que en mayo. En el primer semestre de este año, el aumento acumulado del salario pretendido fue del 24,28%, superando el 15,1% de inflación acumulada en el mismo período.

El informe también detalla las posiciones más codiciadas y las que ofrecen los salarios más altos. En el segmento de supervisor y jefe, el puesto de Control de Gestión se llevó el primer puesto con un salario pretendido de $4.037.500 pesos. Para los segmentos senior y semi senior, el área de Ingeniería en Petróleo y Petroquímica alcanzó los $3.500.000 pesos por mes. Los juniors, por su parte, también tuvieron en Ingeniería en Petróleo y Petroquímica la posición con la pretensión salarial más alta, llegando a los $2.475.000 pesos.

La contracara de este panorama es la brecha de género, ya que en junio la diferencia entre el salario pretendido por hombres y mujeres fue del 8,63%, un aumento preocupante si se lo compara con el 4,91% de junio del año anterior. Este desbalance se acentúa a medida que aumenta la jerarquía del puesto.

El informe de Bumeran también destaca los aumentos más significativos por sector. Para los puestos junior, las áreas de Marketing y Comunicación lideran el ranking con un incremento acumulado del 33,64%. En el segmento senior y semi senior, este mismo sector se mantuvo en la cima con un crecimiento del 39,01%, seguido de cerca por el área Comercial, que registró un 33,35%.

Según el CEO de Bumeran, Federico Barni, estos datos tienen dos posibles lecturas. “Por un lado, podemos ver una recuperación de las expectativas salariales y una revalorización del trabajo.  Por otro, surge la pregunta respecto a si simplemente el indicador muestra la necesidad de cobrar más para afrontar gastos mayores”, consideró.

Compartir

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Te puede interesar
TAMBIÉN

El servicio de limpieza de Salto Grande y la trama que conecta a Reidel, el PRO y una empresa que se repite

La misma estructura empresaria señalada en la polémica por contrataciones en Nucleoeléctrica aparece como proveedora en la represa binacional. Detrás del servicio de limpieza, una red de sociedades, vínculos políticos y contratos que vuelven a cruzar energía, negocios y poder

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa política del gobierno

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa chica que cuidó la reforma laboral En la política argentina siempre hay un personaje que no sale en las fotos pero aparece en todas las decisiones. En el Gobierno de Javier Milei, ese lugar lo ocupa Ignacio Devitt. Secretario de Asuntos Estratégicos, nombre técnico para una función política muy concreta: ordenar, monitorear y asegurarse de que las cosas sucedan sin ruido. Mientras otros discutían en público, él contaba votos en privado. Devitt es, probablemente, el menos conocido de la mesa política que siguió de cerca la aprobación de la reforma laboral. Una mesa heterogénea, donde conviven estilos y roles muy distintos. Karina Milei como vértice del poder real, obsesiva del control político. Manuel Adorni como vocero y escudo mediático. Martín y “Lule” Menem como operadores parlamentarios con oficio heredado. Y, detrás de todos ellos, Devitt, el funcionario que aparece cuando hay que cerrar. En un gobierno donde la visibilidad suele ser sinónimo de influencia, Devitt construyó exactamente lo contrario. Su capital político es la discreción. No polemiza, no filtra, no declara. En la Casa Rosada lo describen como un organizador. Alguien que traduce decisiones políticas en secuencias operativas. Quién llama a quién. Cuándo se negocia. Cuándo se espera. Y, sobre todo, cuándo no hablar. La reforma laboral fue su primera gran prueba. No por el contenido del proyecto, sino por la ingeniería política necesaria para que avanzara en un Congreso fragmentado y con aliados inestables. Mientras Adorni explicaba el rumbo en conferencias y los Menem tejían acuerdos legislativos, Devitt seguía el minuto a minuto del tablero. Su tarea era evitar sorpresas. En un oficialismo con pocos votos propios, eso equivale a evitar accidentes. En ese esquema, el secretario de Asuntos Estratégicos cumple un rol que en otros gobiernos ocupaban jefes de Gabinete o ministros políticos. Pero con una diferencia: sin estructura propia ni exposición pública. Su poder no surge del cargo sino de la confianza directa del círculo más cerrado del Gobierno, especialmente de Karina Milei, que privilegia perfiles ejecutivos antes que figuras con vuelo propio. El resultado es un funcionario difícil de encasillar. No viene del armado territorial ni del mundo mediático. Tampoco del sindicalismo o la rosca clásica. Su perfil encaja mejor en la lógica empresarial que Milei intenta trasladar al Estado: menos discurso, más ejecución. En la práctica, alguien que verifica que las órdenes se cumplan. En los pasillos del Congreso lo describen con una mezcla de curiosidad y alivio. Curiosidad porque pocos lo conocen realmente. Alivio porque, a diferencia de otros interlocutores del oficialismo, no suele sobreactuar posiciones ideológicas. Escucha, toma nota y vuelve con respuestas. En tiempos de política performática, ese estilo casi administrativo resulta exótico. La paradoja es que cuanto menos aparece, más crece su influencia. La aprobación de la reforma laboral consolidó una mesa política donde cada uno cumple un rol preciso: Karina decide, Adorni comunica, los Menem negocian y Devitt ordena. Un reparto de funciones que explica, en parte, cómo un gobierno sin mayoría propia logró avanzar con una de sus reformas más sensibles. En la Casa Rosada lo resumen con una frase simple: cuando el tema es delicado, aparece Devitt. Y cuando aparece Devitt, es porque alguien ya hizo las cuentas.

Radicales en modo doble discurso: rechazo mediático, voto afirmativo en el recinto

El bloque radical había marcado diferencias con la eliminación del régimen vinculado al estatuto del periodista, pero en el recinto acompañó el proyecto. El giro dejó expuesta la tensión entre el discurso público y la estrategia parlamentaria.